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El descarado racismo de 'Crepúsculo' que marcó a toda una generación
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EL GRAN PROBLEMA DE LA SAGA

El descarado racismo de 'Crepúsculo' que marcó a toda una generación

Por Sonia Sarria
Categoría: Reportaje
7 de Diciembre 2018 | 19:00

Han pasado diez años desde el estreno de 'Crepúsculo', la primera película de una saga que revolucionó por completo el género del romance y modernizó la imagen mítica del vampiro que había establecido John William Polidori. Desde entonces, catapultó los libros y el nombre de Stephenie Meyer a la fama.

Pero tanto renombre también implicó una crítica. Muchas críticas, en realidad. El amor entre el vampiro Edward Cullen y la humana Bella Swan nunca ha estado libre de polémica, y es que si ya es bastante difícil retratar de forma realista una relación, Meyer y sus ideas mormonas hicieron más mal que bien. Hoy en día definiríamos la de Edward y Bella como una relación tóxica, plagada de violencia machista, abuso y control. Pero no es por eso por lo que la gente se quejaba de 'Crepúsculo' en su día. El foco del odio era la protagonista femenina, considerada inútil y odiosa por salirse de la mirada masculina y, por supuesto, las fans. Las adolescentes, ficticias o reales, son siempre el gran problema de la sociedad. Y entre tanto desprecio, se pasaba por alto el mayor problema de la saga: el racismo.

La supremacía blanca y el destrozo la cultura Quileute

Hace unos meses, leyendo curiosidades sobre 'Crepúsculo' —cada uno pierde el tiempo como quiere— descubrí que todos los personajes Quileutes (los hombres lobo, por si no recordáis del todo) de la película estaban interpretados por actores nativos americanos. Algo que, por desgracia, es casi imposible de encontrar en el cine actual. El dato me hizo sonreír hasta que, más tarde, me enteré de que si bien los Quileutes son una tribu real del noroeste de Washington, su mitología no tiene nada que ver con lo que aparece en los libros o en las películas. Ya no hablo de licántropos, sino de personas y cultura reales que Meyer cambió a su antojo para volver a los Quileute más salvajes.

Crepúsculo Quileute

De hecho, ese es su gran problema. Los licántropos son altamente inestables. Ante la menor provocación, pierden el control y se vuelven violentos y peligrosos hasta el punto de matar a un ser querido en un arrebato. Son pura masculinidad tóxica, machos enormes y maleducados. Además son pobres, llevan ropas humildes y tienen por norma familias disfuncionales: infidelidades, padres ausentes, hijos sin reconocer. Puede que hasta tengan una educación precaria, porque nunca vemos el instituto de La Push ni sabemos nada acerca de él, salvo que es exclusivo para Quileutes. Y eso no suena demasiado bien.

En cambio, la familia Cullen es el extremo opuesto. Blancos, guapos a morir... y sobre todo ricos, como demuestran esas ropas de diseño, la mansión y los coches de lujo. Y son cultísimos, por supuesto, porque escuchan música clásica y leen mucho (y eso en clasismo barato equivale a ser muy inteligente). ¡Pues claro que Bella va a elegir a los vampiros antes que a los lobos! ¿Quién no querría?

Además, al contrario que la tribu Quileute, no están tan estereotipados. Parece que todas las representaciones racistas de los nativos americanos cumplen con arquetipos tan vacíos como el de El Mayor Y Sabio en Sam Uley (Chaske Spencer), el de Borracho/Violento en Paul Lahote (Alex Meraz) o el de la Princesa Indiaa là Pocahontas en Leah Clearwater (Julia Jones).

Y ya ni hablemos de sexualización. Normalmente, ese es un problema del que sufren los personajes femeninos, pero los hombres también pueden cargar con él, como es el caso de Jacob. El pobre Taylor Lautner tuvo que pasarse cinco películas sin camiseta para que los espectadores se lo comiesen con los ojos. No veréis a ningún hombre blanco tener que pasar por algo así.

Jacob Black sexualización

Tan perjudicados se vieron los Quileute de Washington que el Museo Burke creó la página Truth vs. Twilight dedicada a desmentir las burradas que decían los libros y las películas. Hay incluso un apartado que explica cómo todo el mundo excepto la propia tribu se benefició de la saga: Meyer y Summit Entertainment —la productora cinematográfica— sacaron varias líneas de merchandising de "artesanías Quileute" con las que ganaron un dineral. ¿Y los nativos americanos? Ni un centavo, a pesar de ser su cultura. Eso sí es apropiación.

Esta tribu es la que más ha sufrido las consecuencias del racismo en la saga, pero no la única. Volviendo a la familia Cullen, encontramos entre ellos a nada menos que un antiguo soldado separatista de la Guerra de Secesión. Jasper (Jackson Rathbone) luchó con orgullo por mantener la esclavitud en Estados Unidos, y así lo escribió Meyer con toda su satisfacción. Se menciona una sola vez y el tema queda olvidado para siempre, tanto para los personajes como para la audiencia. Podemos aceptar que uno de los protagonistas sea un fascista asesino, pero no que Bella se comporte como una chica de dieciséis años.

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