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Comunismo y videojuegos: ¿una visión más objetiva? - Reportaje
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A TRAVÉS DEL VIDEOJUEGO

Comunismo y videojuegos: ¿una visión más objetiva? - Reportaje

Por Cristina 'Keis' Pérez
PC XOne PS4
Categoría: Reportaje
14 de Octubre 2016 | 10:08

¿Qué sabemos de Rusia? No es una pregunta retórica. Realmente espero que, ahora mismo, el mecanismo de vuestras mentes se haya accionado para responderme. ¿Es un lugar frío? ¿Por qué su presidente cabalga descamisado sobre osos pardos? ¿La gente habla raro y son aptas para crear memes en Internet?

Venga, un esfuerzo. ¿Algo más? Ah, sí. Tienen un baile extraño. ¿Se llamaba polca? ¿No? ¿Sí?

Muy poca gente sabe de qué va el rollo de Rusia. O de qué iba. O de qué sigue yendo, si es que ha cambiado. Es más: ¿sabemos, siquiera, si ha cambiado realmente?

Todas estas preguntas, tan dispares aparentemente, van encaminadas a una pregunta final, que las engloba todas. "¿Cuál es la imagen que nos llega de Rusia y, más en concreto, del comunismo?"

 BioShock Infinite

Como vengo defendiendo en la larga lista de artículos que he escrito en esta casa, los videojuegos son un medio transmisor de información, en ambas direcciones. Esto quiere decir, que las empresas de videojuegos insertan en el juego una serie de mensajes para que impregnen al jugador. A su vez, el jugador mediante el feedback (en redes sociales, foros oficiales, etc), va a devolver a la compañía sus impresiones o su asimilación del mensaje.

En el caso que hoy nos ocupa, el comunismo, podemos afirmar que nos llega una imagen, quizás estereotipada o, quizás no, de qué supone este régimen. ¿Desinforma más que ayuda?

Decía Walter Lippman que interpretamos la realidad según estereotipos culturales. Tenemos una serie de marcos de referencia en la cabeza y, tocando esos marcos, podemos generar emociones. Me río yo del que se cree libre del control de las masas.

Sin querer aburriros con teoría de la propaganda, para Lippman esta disciplina consistía en lo siguiente: "Es la dirección de actitudes colectivas con la manipulación de símbolos".

Doy este par de pinceladas al pensamiento de Lippman porque lo creo indispensable para argumentar lo que aquí vamos a exponer: la imagen que nos llega de Rusia tiene que pasar el filtro de las empresas occidentales. Tanto mediáticas como de otros ámbitos. No es que las empresas occidentales quieran dar una u otra impresión de Rusia adrede (o, a priori, no tiene por qué), pero sí es cierto que a Occidente nos llega una información sesgada de lo que resultaba el comunismo.

La historia, al fin y al cabo, tiene un enfoque determinado en base a quienes la escriben. Y si los videojuegos que consumimos se hacen en Occidente... no creo que haga falta que explique cuál será el punto de vista del objeto resultante.

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