LA TERCERA DIMENSIÓN DEL REINO CHAMPIÑÓN

RETRO 'Super Mario 64', analizamos el gran clásico que marcó un antes y un después en la historia del videojuego

El fontanero se adentra en la tercera dimensión para ofrecernos una aventura inolvidable que sigue siendo tan fresca y divertida como lo era el primer día.

Por Alberto Carmona 8 de Abril 2018 | 16:52

El 23 de junio de 1996 llegaba a las tiendas japonesas el esperado 'Super Mario 64', uno de los títulos de lanzamiento de la recién nacida Nintendo 64. Ya desde este momento quedó muy marcado el rumbo a seguir, no solo en el resto de juegos de plataformas de esta consola, sino también en el de todo el género. Una revolución que incluso a día de hoy todavía no ha sido igualada en cuanto a repercusión, ni siquiera por el propio Mario.

En busca de la tarta perdida

La tarde se anticipa tranquila para Mario, cuando de pronto una carta inesperada aparece asomando por debajo de su puerta. ¿De quién podrá ser? El fontanero reconoce el membrete real en el sobre, y eso solamente puede significar una cosa: ¡Es una carta de la princesa Peach! Los ojos de nuestro héroe leen la carta con gran ilusión, entusiasmo que crece aún más cuando Mario lee la parte en la que Peach le invita a su castillo para probar una deliciosa tarta hecha por ella misma. De un salto Mario se pone la gorra y sale disparado por la puerta, pero cuando por fin llega al castillo, algo parece no ir bien... Algunas de las puertas están cerradas, y no hay ni rastro ni de Peach ni de sus sirvientes. Es entonces cuando una risotada malvada resuena como un trueno dentro del castillo, seguida de una voz ronca que le dice a Mario que no hay nadie en casa y que se largue. Mario sigue el sonido de los bramidos hasta que entra en una habitación con un cuadro de lo más extraño... Una enigmática pintura que parece estar viva y le invita a entrar en ella... De pronto Mario se ve en otro mundo, y es así como comienza su gran aventura para averiguar qué le ha pasado a Peach.

Tras el éxito de 'Super Mario World', el fontanero decidió prepararse a conciencia para su próxima gran aventura, por lo que durante años se limitó a experimentar con otros géneros o a ceder el protagonismo a otros personajes de su universo como el bueno de Yoshi. ¿Pero qué estuvo tramando Miyamoto durante todo ese tiempo? La respuesta a eso llegaría en 1996 en forma de auténtica revolución del género de las plataformas.

En esos años Miyamoto planeó un juego en 3D del fontanero junto con los chicos de Argonaut, creadores del famoso Chip FX de Super Nintendo. Sin embargo el proyecto acabó dividiéndose y la gente de Argonaut continuó trabajando en un futuro juego de plataformas en 3D con Yoshi como protagonista. Dicho proyecto acabaría finalmente separándose por completo de la mano de Nintendo y se convertiría en 'Croc: Legend of the Gobbos', un simpático plataformas 3D para PlayStation, Saturn, y PC.

La otra rama del proyecto inicial acabaría convirtiéndose en 'Super Mario 64', desembocando en algo mucho más ambicioso que hizo que Nintendo 64 llegase pisando muy fuerte desde el momento de su lanzamiento. Puede que por aquel entonces hubiese otros juegos similares, como el mismísimo 'Tomb Raider', pero todos ellos parecieron quedar pequeños ante la inmensa sombra que proyectaba la nueva gran aventura de Mario.

Ya desde el primer momento que conectamos la Nintendo 64 comenzábamos a sentir como nuestra boca se abría por si sola, y es que el mismísimo Mario salía a recibirnos con su cabeza modelada en unas perfectas 3D. Para colmo podemos interactuar con la testa del fontanero de diversas formas, todo para que empezásemos a darnos cuenta del potencial nunca antes visto que teníamos ante nosotros.

Y esto era solo el principio, los espectaculares entornos en 3D serían el siguiente motivo para que nos costase mantener unidas ambas mandíbulas. Verdes praderas, cristalinas aguas, frondosos árboles, criaturas imaginativas que parecían estar vivas... Todo rebosaba una nitidez y limpieza nunca antes vista. Además de llenar nuestros ojos de ilusión con una cascada de luz y color.

Un fontanero muy versátil

Pero el protagonista aquí es Mario, y él se llevaba nuestra total atención desde el primer momento que aparecía en escena, con un modelado tremendamente detallado para la época y un sinfín de animaciones que llevaban a hacernos creer que el personaje podía hacer prácticamente cualquier cosa.

El mimo por el detalle quedaba patente con tan solo ponernos a trepar a un árbol, y todo esto sin haber entrado siquiera aún a ninguna fase. Y es que podíamos pasarnos la tarde entera inspeccionando los alrededores del Castillo de Peach, alucinando con cada detalle con el que nos deleitase el juego. Una vez pasado el entusiasmo inicial, podíamos comenzar a adentrarnos en las fases que componen esta aventura con un claro objetivo a la vista, conseguir las doradas estrellas que nos dan acceso a nuevos mundos.

Naturalmente podemos limitarnos a la búsqueda principal yendo de una fase a otra en cuanto se abran nuevas zonas, pero la gracia aquí está en tratar de conseguir la mayor cantidad de estrellas posible, y para ello nos tocará regresar a niveles ya visitados y completar toda clase de pruebas y desafíos para conseguir más estrellas. Y es que puede que rescatar a Peach y ver el final del juego no nos lleve demasiado tiempo, pero conseguir todas y cada una de las 120 estrellas del juego es un reto que nos puede llevar semanas o incluso meses.

Para esta gran aventura Mario vino preparado con todo un arsenal de nuevos movimientos, que le vendrán de perlas para desenvolverse en cada fase. Ahora por ejemplo podemos realizar saltos especiales para llegar a lugares de otro modo inaccesibles, dar puñetazos, deslizarnos por cuestas y laderas, o incluso cambiar la apariencia del personaje para dotarlo de nuevos poderes, como la capacidad de volverse etéreo o metálico.

Todas estas habilidades se pueden controlar a la perfección gracias al por entonces revolucionario mando de Nintendo 64, especialmente gracias a su stick analógico que nos permite manejar al personaje con absoluta precisión. De hecho cuanto más juguemos y nos acostumbremos a la sensibilidad del manejo, mejor podremos aprovechar las diversas habilidades de Mario, motivo por el cual este se ha convertido en uno de los títulos favoritos de los speedrunners.

A lo largo de la aventura habrá que afrontar toda clase de desafíos, ya que los objetivos a cumplir para conseguir las estrellas van variando. También habrá que enfrentarse a jefazos con diseños de lo más imaginativo, a los cuales habrá que estudiar detenidamente para desarrollar una estrategia que nos permita vencerlos.

Por él no pasan los años

El apartado gráfico era sin duda lo más sorprendente en su momento, pero incluso hoy en día sigue luciendo realmente bien y resulta agradable a la vista. Esto se debe en gran medida a que el juego emplea hábilmente algunos sprites prerenderizados para conseguir resultados visuales que no habrían quedado tan bien con polígonos, como por ejemplo los objetos redondeados, que lucen magníficamente sin que apenas se note que son en realidad sprites 2D.

La banda sonora volvió a correr a cargo del gran Koji Kondo, lo que garantiza un verdadero deleite para nuestros oídos. A lo que hay que sumarle los cuidados efectos de sonido, así como la gran cantidad de frases y sonidos que emite Mario durante el juego. Todos ellos magistralmente interpretados por Charles Martinet, quien ya había puesto voz anteriormente a Mario, pero no a tales niveles.

La trama puede que en su base no sea gran cosa, pero a lo largo del juego podemos disfrutar de las divertidas conversaciones de los personajes que nos vayamos encontrando. Estas irán amenizando a la aventura, aunque por desgracia están completamente en inglés. También disponemos de opción para guardar nuestro avance, asegurándonos así de que nuestras sufridas estrellas no se pierdan cuando apaguemos la consola.

Un verdadero festín para nuestros sentidos capaz de justificar por si solo la compra de una Nintendo 64. Y es que, aunque ya de por si nos mantendrá pegados a la consola durante mucho tiempo, no le costará quedarse en nuestro recuerdo para toda la vida. Si aún no lo habéis comprobado por vosotros mismos, podéis hacerlo fácilmente mediante diversos métodos. Por ejemplo en la propia Nintendo 64 original, ya que se trata de un cartucho tremendamente fácil de conseguir que no puede faltar a nadie que tenga esta inolvidable consola.

Otra opción es la Consola Virtual, a la que podéis acceder tanto desde Wii como desde Wii U. Y finalmente podéis buscar la versión para Nintendo DS que salió algunos años más tarde, que además incluye nuevo contenido y diversas mejoras. No obstante tened en cuenta que Nintendo DS no disponía de stick analógico, algo que afecta en gran parte al control. Podéis solucionar parcialmente este problema jugándolo en una 3DS, pero aunque uséis el Circle Pad de la consola, tened en cuenta que el control seguirá siendo digital.

Es posible cometer el error de pensar que 'Super Mario 64' es simplemente un juego, pero en realidad es mucho más que eso. Se trata de un pedazo importante de historia del videojuego, una revolución como pocas veces se ha visto, y una aventura que no importa cuántas veces hayáis jugado o que ya hayáis conseguido las 120 estrellas, pues siempre apetece darle una rejugada aunque solo sea para explorar cada pequeño rincón. Una experiencia 100% imprescindible para todo aquel al que le gusten los videojuegos.