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La historia oculta tras 'The Crucifixion': el exorcismo de Tanacu
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THE CRUCIFIXION

La historia oculta tras 'The Crucifixion': el exorcismo de Tanacu

Categoría: CINE
6 de Noviembre 2017 | 11:09

Este viernes se estrenó 'The Crucifixion', una historia que supuestamente está basada en hechos reales. Lo sorprendente es que, si vais a Google y buscáis "exorcismo de Tanacu", obtendréis noticias reales de ese caso. Y es que estamos hablando de algo que sucedió en el año 2005, cuando ya existía internet, cuando las redes sociales ya estaban en movimiento, cuando los periódicos online se usaban como lo más normal del mundo. En ese momento, y aunque suene como la cosa más anacrónica del mundo, en Rumanía una monja de 23 años murió en un supuesto exorcismo.

La joven se llama Maricica Irina Cornici, y permaneció atada a una cruz durante nada más y nada menos que tres días. Fue amordazada con una toalla, y no comió absolutamente nada durante esos tres días (hay quien aseguró que fueron seis); según alegaron tanto el monje que fue sentenciado como las cuatro monjas que estaban con él, era el demonio el que no le dejaba comer. El monje, cuyo nombre es Daniel Peter Corogeanu, fue detenido en ese mismo momento, y mantuvo siempre una actitud desafiante, retadora. No cesaba de repetir que Cornici había muerto mientras él trataba de sacar el demonio de su interior.

Hasta aquí, la historia es muy similar a lo que nos cuenta la película. No obstante, la conclusión a la que llegaron absolutamente todos los que tuvieron que ver algo en el caso fue muy diferente. Mientras que en 'The Crucifixion' hay un verdadero demonio, en la vida real lo único que se pudo demostrar es que la fe puede hacer más daño que bien en según qué manos.

Una esquizofrenia tratada en una sociedad supersticiosa

Cornici padecía esquizofrenia, y, debido a sus creencias, esta enfermedad le hacía creer que estaba siendo poseída por un demonio. Ella escuchaba voces debido a la enfermedad que padecía, pero el hecho de vivir en una sociedad tan supersticiosa acabó costándole la vida. Porque en el monasterio en el que se encontraba, nadie le dio la oportunidad de curarse mediante la medicina, sino que trataron de hacerle un exorcismo que la mató.

Corogeanu, de veintinueve años, retuvo a la joven contra su voluntad, atándola en una cruz. Él realmente creía que la chica estaba siendo poseída por el demonio, y es por eso que no dudó ni un momento en realizar un exorcismo. Irina, mientras tanto, tuvo una crisis de esquizofrenia que la hizo reaccionar de forma agresiva, echar espuma por la boca y rechazar el agua bendita. Esto fue lo que les hizo al monje y a las cuatro monjas decidirse por atarla a una cruz, para ver si, de esta forma, el demonio se rendía.

El monje no tuvo ningún reparo a la hora de defender la que él creía su verdad, incluso ante la prensa; habló con el diario rumano Evenimentul Zilei, asegurando que "los diablos no pueden ser curados con píldoras. Toda la comunidad estaba de acuerdo con que se trataba del diablo y no de una enfermedad mental. Sus gestos y las palabras que gritaba mostraban la presencia demoníaca". Según él, jamás tuvieron la intención de crucificarla, solo añadieron una tabla trasversal para inmovilizarle las manos. Cuando Irina se calmó, la soltaron y le dieron té y pan; justo en ese momento, la joven sufrió un infarto.

Imagen de 'The Crucifixion'

El portavoz de la Iglesia Ortodoxa señaló que había sido "un acto abominable, una práctica bárbara, que no tiene precedentes en la historia de la vida monástica oriental". Por su parte, los forenses señalaron que la causa de la muerte fue una insuficiencia aguda cardio respiratoria, una asfixia mecánica, diversos traumas y deshidratación, todo ello debido a un ataque de esquizofrenia (de la que había sido tratada hacia apenas unos días en el hospital).

Ioan Hristea, de cincuenta y dos años, decidió en ese momento que jamás volvería al monasterio; acababa de pasar por un brote de epilepsia, y había sido hospitalizado con Cornici cuando esta tuvo su primer bote de esquizofrenia. Toda la aldea de Perieni, donde Cornici nació, exigió justicia ante esa muerte tan injusta. Su tía, Anisoara Antohi, explicó que la joven había sido "desfigurada, se le hicieron marcas en las manos, en los tobillos y en el estómago".

El monje fue condenado a catorce años de cárcel, la madre superiora con ocho y cada una de las monjas con cinco años.

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