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El acoso que ha sufrido Kelly Marie Tran es racista, misógino e imperdonable
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ACOSO EN REDES SOCIALES

El acoso que ha sufrido Kelly Marie Tran es racista, misógino e imperdonable

Categoría: CINE
6 de Junio 2018 | 12:34

Desde que se estrenó la película de 'Star Wars: El último Jedi', Kelly Marie Tran (Rose) ha tenido que sufrir día a día los comentarios vejatorios en su cuenta de Instagram. Comentarios que iban desde "puta" hasta desearle la muerte más dolorosa, pasando por todos los improperios racistas que vuestras mentes sean capaces de imaginar. La han llamado estúpida, autista y retrasada, la han criticado abiertamente por ser de origen asiático, han menospreciado su físico, todo de forma constante y continuada.

En octubre del año pasado (hace ya más de medio año, imaginad el tiempo que ha cargado con esto a sus espaldas), Tran contó que había estado evitando las redes sociales porque "tenía miedo. Estaba aterrorizada con ser criticada, estar expuesta al escrutinio, ser vista". Estamos hablando de auténtico pavor a verse como objeto de todas esas palabras que luego ha tenido que volver a sufrir en su propia piel, una situación que la ha llevado a borrar todas sus publicaciones de Instagram para no tener que ver cómo los insultos se repetían uno tras otro. Porque sí, estos se iban acumulando, y, por supuesto, afectaban negativamente a su estabilidad mental. Porque, como persona que es, le duelen los descalificativos, las amenazas de muerte y las acusaciones racistas, sean estas escritas en comentarios en Instagram o gritadas en su oído.

Kelly Marie Tran tiene tan solo veintinueve años, le quedan muchos años por delante para disfrutar de su vida, de su profesión y de su pasión. Y, no obstante, a partir de ahora eso siempre estará empañado por el velo del racismo y la misoginia; difícilmente olvidará este miedo, esta sensación de estar expuesta.

No, llamar "puta" a una mujer que sube una foto no es "libertad de expresión"

El acoso que Tran ha sufrido por su origen racial y por su sexo no es, por desgracia, un caso único y exclusivo. Muchas actrices, y muchos actores, están viviendo esto en primera persona por la moda que se ha extendido en internet de "tengo derecho a opinar". Hay quien cree que porque una persona tenga una cuenta pública en Instagram y suba fotografías de sí misma, o de un bolso que se acaba de comprar, o de su gato, tiene derecho a decirle todo lo que le apetezca. Que, por cierto, lo que le suele apetecer decir a la gente nunca suelen ser cosas positivas cuando se esconden tras el anonimato de una cuenta en Instagram o Twitter.

El acoso que ha sufrido es imperdonable

Se amparan en que es una persona pública y, como tal, debe someterse a las opiniones de los demás, y debe aceptar que se la insulte todos los días, a todas horas. ¿Creéis que el ser una "persona pública" te crea automáticamente una coraza, y hace que todos esos improperios dejen de dolerte? Porque a Tran, como a cualquier otra persona, le duele que la ataquen por su origen, por el trabajo que ha hecho (que tiene poco de criticable, por cierto) o sencillamente por ser mujer. Que lo hagan personajes anónimos, a los que no conoce de nada, no implica que le genere menos dolor; porque sí, son personas a las que probablemente jamás conocerá, pero son cientos. Miles. Incluso millones, si sumamos todos los comentarios que ha recibido a lo largo del tiempo.

Nadie tiene derecho a criticar y menospreciar a otra persona a través de las redes sociales solo porque la primera tenga miles (o millones) de seguidores. Nadie debería creerse con el poder de llamar a alguien "estúpida, autista y retrasada" (sin entrar a ahondar ya en el tema de usar como insulto un trastorno como es el trastorno del espectro autista, porque nos daría para extendernos mucho más). Todos estos "trolls" lo son solo a través de las redes sociales porque saben a la perfección que decir eso cara a cara les traería consecuencias como una denuncia; la impunidad de las redes sociales debería comenzar a ponerse en entredicho. Porque lo que le ha sucedido a Tran, lo que le pasa a otras tantas personas, es acoso. Y en este caso, acoso de la peor calaña, puesto que estamos hablando de una prueba fehaciente del racismo y la misoginia que aún hay en nuestra sociedad.

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