DISPAROS A DOBLES

RETRO 'Darius Twin', matando marcianos en equipo con nuestra fiel Super Nintendo

Desempolva el segundo mando y pégaselo en las manos a la persona que tengas más cerca, este juegazo se disfruta todavía más jugando acompañado.

Por Alberto Carmona 24 de Noviembre 2019 | 16:55

En 1986 nacía la serie 'Darius' con un espectacular arcade de triple pantalla que fue porteado después a varios sistemas (incluida la recién estrenada conversión oficial para Mega Drive añadida como extra en Mega Drive Mini). Tres años más tarde llegaba su primera secuela con el nombre de 'Darius II', que sería modificado a 'Sagaia' en algunas versiones domésticas. Tras este inicio en los arcades, la tercera parte de la saga acabaría siendo exclusiva de Super Nintendo, publicándose en 1991 (1993 en Europa) con el nombre de 'Darius Twin'. Esta exclusiva nos iba a garantizar de paso una entrega especialmente adaptada a las capacidades de la 16 bits de Nintendo, sin tener que lamentar recortes ni odiosas comparaciones con un arcade previo.

Algo huele a pescado en el espacio...

Ha pasado mucho tiempo desde que las fuerzas de Belser invadiesen el planeta Darius, entonces los heroicos pilotos Proco y Tiat lograron escapar a duras penas de las garras de sus enemigos, tras lo cual viajaron hacía el planeta Orga para organizar el contrataque con el que recuperar su hogar. Durante muchos años pareció que la galaxia estaba por fin libre de la tiranía de Belser, pero ahora los descendientes de Proco y Tiat observan con temor como el imperio está reapareciendo y va ganando terreno hasta acercarse a las mismísimas proximidades de Orga. Ha llegado el momento de desplegar de nuevo los cazas Silver Hawk para que erradiquen de una vez por todas al imperio Belser, solo con estas poderosas naves se puede reducir a chatarra la flota de combate imperial, pero necesitan de pilotos excepcionales que las guíen hábilmente hacía la victoria. Por la paz y por el futuro, el destino de toda la galaxia está ahora en vuestras manos. Derrotad a Belser, o no habrá un mañana.

Buscando ofrecer algo nuevo en lugar de otra conversión más de sus arcades, los chicos de Taito dieron forma a esta secuela exclusiva para Super Nintendo que iba a aprovechar realmente bien el potencial de la máquina. Si, la fórmula original de la saga permanecía sin excesivas novedades, pero tampoco le hacía falta. Tan solo se adaptaron algunos elementos como la posibilidad de continuar donde habíamos muerto, o que no perdiésemos todos nuestros potenciadores cuando nuestra nave pasase a mejor vida.

Estos retoques ayudaron a ofrecer algo más amigable, lejos de la dificultad de los arcades diseñada para picarnos a que metiésemos una moneda tras otra. No obstante, también podremos ajustar la dificultad desde el menú de opciones, así como la cantidad de vidas de las que dispondrá cada jugador por separado. Conviene darse una vuelta por estas opciones antes de empezar a jugar, aunque solo sea para asegurarnos de que la opción de disparo rápida este activada, a no ser que queráis dejaros los pulgares machacando el botón de disparo, opción perfectamente válida si así es de vuestro agrado.

En lo referente al apartado gráfico, uno solamente puede quitarse el sombrero y aplaudir mientras contempla los bellos escenarios rebosantes de color que desfilarán ante nuestros ojos. Baste como ejemplo el primer nivel, con un océano de cristalinas aguas color turquesa que brilla bajo nuestra nave, mientras diferentes planos de scroll simulan el efecto de velocidad al pasar entre las esponjosas nubes que flotan en un cielo azul intenso.

Cierto es que algunos niveles muestran diseños más simples, como por ejemplo un sencillo fondo del negro espacio plagado de estrellas, pero es que eso es justo lo que deben mostrar. Y lo mejor de todo es que lo hace con absoluta fluidez, sin importar cuantos enemigos haya en pantalla, o como de descomunales sean los jefazos que saldrán a complicarnos la vida al final de cada fase. Todos ellos con sus característicos diseños marinos con forma de peces, calamares, o langostas (no lo juguéis si sois alérgicos al marisco).

El muro de fuego

Tan solo sufriremos pequeñas ralentizaciones cuando disfrutemos del estupendo modo cooperativo para dos jugadores, pero no son demasiado molestas ni frecuentes, apareciendo tan solo cuando se junten muchos enemigos y disparos en pantalla. Por lo general estos modos cooperativos se solían omitir en las conversiones para consola debido a la gran cantidad de recursos que necesitaban del hardware, pero como esta entrega estaba especialmente hecha para Super Nintendo, no hubo problema en diseñarla para que pudiésemos disfrutar de la partida en compañía.

De hecho, el juego parece especialmente diseñado para el cooperativo, ya que las escuadrillas de enemigos son las mismas juguemos solos o acompañados, lo que provoca que muchos de ellos se nos escapen cuando jugamos en solitario. Esto podría molestar a quienes no tengan intención de compartir su partida con otro jugador, pero lo cierto es que simplemente se traduce en un mayor desafío, y por lo tanto en mayor dificultad.

A este impagable modo cooperativo se suman las diferentes rutas que podemos tomar al avanzar de un nivel a otro, teniendo que completar el juego al menos tres veces para poder ver todos los niveles. Esto nos garantiza ya de por si bastantes horas de juego, más de lo que suele ser habitual en este tipo de títulos. Pero es que además disponemos de varios finales alternativos, los cuales dependen de lo que hayamos ido haciendo durante la partida.

Todo esto se traduce en resolver uno de los principales problemas que suelen tener este tipo de juegos: La duración. Pues aunque su dificultad elevada nos suele garantizar juego para rato (salvo que seamos especialmente hábiles con el género), suele ser a base de requerir grandes dosis de paciencia del jugador menos experimentado. Aquí tardaremos en llegar a verlo todo, y aun así siempre apetecerá echarse un cooperativo para combatir alguna tarde de aburrimiento, o simplemente picarse a ver quién hace más puntos.

Redondeado la jugosa oferta que nos hace este título, nos encontraremos una banda sonora espectacular que saca todo el jugo al hardware de sonido de la consola. Temas épicos y cañeros que seguirán resonando en nuestras cabezas mucho después de terminar de jugar, y que son la guinda perfecta para coronar este suculento menú que hará las delicias tanto de los habituales, como de los no habituales de los matamarcianos.

Pronto estará de vuelta

Para jugarlo en sistemas actuales, lo mejor es sin duda la edición especial del recopilatorio 'Darius Cozmic Collection' para Switch y PlayStation 4, que incluye este título junto con muchos otros de la saga (ojo, porque 'Darius Twin' no viene incluido en la edición normal). Aún habrá que esperar un poco para recibir aquí dicho recopilatorio, por lo que de momento tan solo podemos importar la edición japonesa. Este juego estuvo también disponible para la Consola Virtual de Wii, aunque no sucedió lo mismo con la de Wii U, por lo que no es ya accesible por este método.

Si lo que queréis es el cartucho original para Super Nintendo, se puede encontrar la versión PAL por precios entorno a los 30 o 40 euros, siempre que se trate del cartucho suelto sin caja ni manual. Si lo queréis completo, entonces el precio se dispara astronómicamente hasta precios de tres cifras, eso si es que lográis encontrar uno en buen estado. Por cierto, tened cuidado con las repros que se venden como originales, pues este título es presa habitual de este tipo de prácticas.

Lo más recomendable es optar por la nueva reedición, aunque sea tirando de importación si vemos que tarda mucho en llegar aquí. En cualquier caso, no podéis dejar pasar la ocasión de disfrutar del que es sin duda uno de los mejores matamarcianos de Super Nintendo, con todo lo que ello significa. Gráficos preciosos, banda sonora de auténtico lujo, y una capacidad de enganchar como solo logran tener los grandes shooters de antaño.

Cierto es que no vais a encontrar nada revolucionario ni nuevo dentro del género, pero su elevado grado de calidad, y su estupendo modo cooperativo, lo convierten en ese cartucho que siempre apetece "dar de comer" a nuestra Super Nintendo. Una obra maestra de la gente de Taito que no puede faltar en la colección de todo aquel que sepa apreciar los viejos y entrañables matamarcianos.