SERIE

Crítica 'Wayward Pines' temporada 2 - Oportunidad perdida

La serie llegó a la renovación por una segunda temporada prácticamente por carambola, y vuelve con los deberes sin hacer.

Por Xose Llosa 17 de Junio 2016 | 00:51

SPOILER: Este artículo contiene spoilers de la primera temporada de 'Wayward Pines'.

Ha arrancado en España la segunda temporada de 'Wayward Pines', y todas las sombras que arrastraba la primera aproximación de la ficción avalada por M. Night Shyamalan, mucho me temo que se repiten en la segunda sesión, e incluso va unos pasos más allá.

Recuerdo bien cuando arrancó la serie el verano pasado. La firma de uno de los directores magnos del misterio actual, Shyamalan, con 'El sexto sentido', 'El Bosque', o más recientemente 'La Visita' a sus espaldas, es una muy buena carta de presentación. Uno no es de piedra, y ante según qué nombres sigue cayendo rendido. Sin embargo, algo no terminaba de cuajar en esa temporada inicial. Uno de los problemas era Matt Dillon, el agente Ethan Burke, quizá demasiado intenso; pero no sólo él, todos los personajes, y la serie en general, eran demasiado intensos y atosigantes en cada episodio. Sin embargo, el misterio de lo que sucedía en la pequeña villa de 'Wayward Pines' me mantuvo firme y recio episodio a episodio, sin terminar de entrar y sin terminar de salir, y siempre con Shyamalan en el pensamiento buscando "el giro" al que nos tiene acostumbrados, que evidentemente llegó. 'Wayward Pines' no estaba recluyendo a los habitantes, sino que los estaba salvaguardando como la esperanzada única para el futuro de la humanidad, una vez la humanidad había consumido el mundo. Wayward Pines se descubrió como un búnker de criogénesis, como un oasis en un mundo destruido y amenazado por las bestias que viven en el entorno salvaje fuera de los muros de la "apacible" ciudad.

A lo largo de la primera temporada descubrimos el misterio, descubrimos la organización totalitaria que se conformaba en la comunidad, y acudimos a la rebelión. En conjunto, una temporada aceptable para una serie aceptable. Se canceló. Ninguna sorpresa. La sorpresa llegó cuando se anunció que la cancelación se echaba atrás, y la ficción encontró oportunidad para una segunda temporada. La desconfianza me asaltó en primer lugar, aunque antes de eso el desconcierto, un poco después, tonto de mí, dejé aflorar un rayo de esperanza débil pero firme. Sabiendo que tras la primera temporada la serie estaba muy en entredicho, una segunda oportunidad es la ocasión perfecta para deshacer errores y empezar con buen pie. Sin embargo, todo lo que me alejaba una y otra vez de la temporada uno de 'Wayward Pines' se magnifica en esta segunda entrada.

Incorporaciones

Aquí nos presentan a un nuevo personaje principal, el doctor Dr. Theo Yedlin, interpretado por Jason Patric, que despierta de manera prematura de su estado de congelación. Durante el primer capítulo tenemos que acudir a un horrible deja vu de los primeros episodios de la serie, ya que el doctor se pregunta qué demonios hace en 'Wayward Pines', quién le ha traído, por qué, cuándo, y todas una serie de cuestiones obvias para las que nosotros ya tenemos respuesta. Es la misma sensación que me asalta ver cómo en las película de superhéroes revuelve de nuevo los orígenes de 'Batman', 'Spider-Man' o 'Superman', cuando son historia de dominio público. Los mismos recursos con los que fue narrada la presentación de la serie el año pasado, las miradas furtivas y artificiales de todos los vecinos de la villa vuelven a ponerse sobre la mesa ante la presencia del doctor, con cero interés para el espectador, claro.

Oiga, hay más lecturas del postapocalipsis

Ahora el enfrentamiento entre los rebeldes, capitaneados por Ben (Charlie Tahan), hijo del agente Burke, frente a los nativos de 'Wayward Pines' es lo que comienza a articular esta nueva temporada. El manto de misterio que cubría la serie en el pasado obviamente ha desaparecido, y con él se va buena parte del interés. Aquí se nos proponen una suerte de situaciones que recuerdan a los encontronazos de Rick con Morgan en la sexta temporada de 'The Walking Dead', y descubren una 'Wayward Pines' adentrada de lleno en los clichés genéricos de la organización social en distopía postapocalíptica. Una organización social asentada sobre las reglas del viejo mundo, claro. Es curioso cómo las historias postapocalítpicas rara vez son capaces de imaginar que el mundo destruido pueda encontrar una organización social diferente a la capitalista actual. Es como si considerasen el neoliberalismo social algo dado en la genética humana, que no es fruto de una secuencia macro y meso de circunstancias que rigen nuestro mundo actual, sino que como si fuese la emanación de los personas de a pie que habitan el planeta Tierra. Asumen en muchas de estas historias, 'Wayward Pines' entre ellas, que el neoliberalismo como organigrama social es tan fuerte que se mantendría en el mundo incluso cuando el mundo fuese destruido. Sin embargo, de pronto hay buenos relatos distópicos como el skinneriano en Walden Dos o el de Alan Moore en Crossed+100, que siendo completamente diferentes entre sí, casi diametralmente opuestos, rechazan, a su vez, la organización neoliberal para sus pequeñas comunidades. De hecho, ver conflictos del mundo de hoy en pequeñas comunidades de supervivientes es algo que cada vez me aburre más, porque cada vez entiendo que se sostiene menos. Pero bueno, decía que Wayward Pines era genérica, ¿verdad?

Como mero entretenimiento, sin buscar en ella ningún alarde, la distopía siempre es una premisa atractiva, y espero que con el paso de los capítulos haya más de un giro. Si conectamos con los personajes lo tendremos fácil para encadenar la serie, porque ahora los bandos de malos y buenos vuelven a estar claramente alineados, y los nativos son un régimen totalitario prototípico, y por lo tanto muy fácil de odiar. El espectador se posiciona rápidamente y de manera muy decidida, y aquí está el anzuelo de la segunda temporada de 'Wayward Pines'.

El primer gran problema al que se enfrenta el regreso de 'Wayward Pines' es, por tanto, la ausencia de misterio; el segundo problema, heredado de los capítulos previos, es que es una serie demasiado intensa. Se toma tan en serio a sí misma que cae una y otra vez en el ridículo.

'Wayward Pines' nunca me pareció una ficción a recomendar. En la primera temporada no había nada lo suficientemente destacable que justificase seguir semana a semana la propuesta. Los pequeños destellos de esa primera temporada, en la segunda se difuminan. Una oportunidad desaprovechada para dar oxígeno a la serie, que en lugar de enrarecerse buscando un público nicho y fiel, ahora ansía una fórmula todavía más directa para llegar a un más público, y para ser, en último término, más genérica que nunca. Oportunidad desaprovechada.