HISTORIA COTIDIANA

Crítica de 'Puedo escuchar el mar', paseo por la adolescencia

Crítica de 'Puedo escuchar el mar', un paseo por la adolescencia dirigida por Tomomi Mochizuki basada en la novela homónima escrita por Saeko Himuro.

Por Sandra García 7 de Marzo 2020 | 15:00

Si algo caracteriza a las animaciones de Studio Ghibli es la capacidad de crear mundos o situaciones increíbles y mágicas que hacen que sea una obra con personalidad y capaz de rodearnos de un manto mágico en pocos minutos. Sus escenarios, personajes e historias además de trasladarnos a ese momento, también nos hace pensar y analizar cada segundo de la grabación buscando un trasfondo tan especial como la misma historia.

Aunque en algunas ocasiones, la simpleza y la sencillez puede ser una gran virtud dejando atrás esos mundo mágicos llenos de criaturas extrañas, fantasía y personajes de lo más curiosos. 'Puedo escuchar el mar' no sólo deja a un lado esa faceta del estudio, también es capaz de reproducir una historia tan real como la vida, con situaciones de lo más habituales que cualquiera haya podido vivir en algún momento.

Una historia sencilla

'Puedo escuchar el mar' fue la primera película creada inicialmente para la televisión de Studio Ghibli emitida el 5 de mayo de 1993 en Japón. En su creación participaron tan solo jóvenes promesas del equipo destacando a su director Tomomi Mochizuki, también director de 'Ranma ½', donde todos rondaban los 20 o 30 años de edad. Siendo también la primera donde las grandes estrellas del estudio, Miyazaki y Takahata, no participaron. Algo que puede parecer arriesgado en un primer momento y que quizá no podría salir tan bien como esperaban pero un gran momento para poder conocer más a las grandes promesas detrás del estudio.

Quizá por ellos estamos delante de una animación un poco diferente a las que conocíamos hasta la fecha y se aleja en gran medida de su estilo mágico y personal que tanto los caracteriza. Aquí tan solo encontramos a tres adolescentes viviendo su vida como mejor pueden con todos los problemas que conlleva el instituto y ese paso hacia la madurez. Algo normal, cotidiano sin sorpresas de última hora. Una historia que perfectamente podríamos haber visto en carne y hueso pero en este caso las animaciones de Ghibli siguen presentes.

Taku Morisaki es un joven inteligente, decidido a luchar por lo que cree que, junto con su mejor amigo Yukata Matsumo también con una gran inteligencia pero un poco más reservado, conocen a una nueva estudiante recién llegada de Tokio que hará que sus vidas den un gran cambio. Rikaku Muto, una chica que aunque es muy buena en los deportes y en las clases, no tiene un carácter fácil de llevar y no consigue adaptarse a su nuevo instituto en el pueblo de Kochi después de la separación de sus padres.

Hablando del ayer

Basada en la novela homónima escrita por Saeko Himuro, 'Puedo escuchar el mar' no esconde nada más detrás. Simplemente es lo que estamos viendo durante poco más de una hora de película. La típica historia adolescente que empieza con la llegada de una nueva persona al instituto y la formación de un triángulo amoroso posterior entre ella y dos grandes amigos. Algo que si bien puede ser un poco más rebuscado, sale de la zona de confort del estudio arriesgando un poco más de la cuenta y buscando la aprobación de un público más adulto que las anteriores.

Si debemos destacar algo peculiar de ella, es que no está narrada en presente. Taku Morisaki, el protagonista de la historia es el encargado de narrar algunos momentos de su época de instituto a modo de flashbacks mientras va de camino a una reunión de instituto. No solo ofrece una narración distinta a la habitual, también una perspectiva de un joven adulto en comparación con la mente de un adolescente con ganas de crecer. Aquellos problemas de los que hacíamos un mundo ahora no parecen más que pequeñas anécdotas que explicar a algún amigo de vez en cuando.

Para poder conectar a fondo con los personajes debemos pensar como si volviéramos a las paredes de aquel viejo instituto y pensar que habíamos hecho en esos momentos. No es difícil poder entender sus pensamientos ya que durante la película conocemos poco a poco la personalidad de cada uno, en especial de Morisaki y Muto, y por que son como son. Sin poder entender su forma de pensar o actuar, difícilmente se podría llegar a disfrutar la obra en su totalidad.

Un paseo por Japón

En la forma de pensar y actuar de los personajes, en especial de Rikaku Muto, podemos ver un poco más sobre la sociedad del momento en la que el personaje femenino juega con los hombres; en este caso los dos amigos, a su antojo. Sabiendo que ambos sienten algo por ella aprovecha la situación y sale a la luz su carácter un tanto egoísta capaz de meter en líos a todo el mundo que la rodea, incluso algunas amistades que surgen a lo largo de la obra. Algo muy característico de esta película es justamente el carácter de la protagonista que, aunque comete muchos fallos y es capaz de manipular a su antojo al resto de compañeros para conseguir lo que quiere, acabamos por mostrarnos más sobre ella y sobre sus motivos para llegar ahí.

Por otro lado, aunque de forma muy sutil vemos las diferencias entre un pueblo como Kochi y una gran ciudad como Tokio en sus habitantes. No hay más que ver a los estudiantes de la escuela y a Muto para darse cuenta que la forma de pensar y de actuar dista bastante la una de la otra creando algunas tensiones en el ambiente en más de una ocasión. Pero sobretodo nos permite ver asombrosos paisajes que no dejan de hacernos disfrutar y nos recuerda que pese a sus diferencias, sigue siendo una obra de Ghibli. Algo que no pasa tanto con la banda sonora que pasa sin grandes momentos de gloria.

No podemos decir que se trate de una obra excesivamente larga, más bien es de las más corta del estudio con poco más de una hora de vídeo, pero sí quizá de las que tienen un transcurso más lento e incluso excesivamente relajado. No hay grandes giros, no pasa nada sorprenderte. Simplemente son unos minutos de recuerdos del instituto sobre la vida de unos adolescentes que no saben lo que quieren.

Tanto pero tan poco

Una gran apuesta puede traer consecuencias asombrosas u otras no tanto. En este caso no consigue llegar ni a un extremo ni a otro. 'Puedo escuchar el mar' fue un lanzamiento arriesgado tanto por la historia como por el propio equipo que tantas horas, sudor y lágrimas dedicaron. Muestra la cruda realidad de unos adolescentes en el instituto con problemas que todos conocemos y con alguna reflexión entre medias. Sobretodo podemos destacar la evolución que parecen tener los personajes a los largo del film, en especial el protagonista que se deja ver un poco más que el resto.

Pero aunque con unas animaciones tan bonitas como siempre, en especial cuando hablamos de los paisajes, se echa de menos un poco de ese mundo mágico que Ghibli es capaz de crear de la nada con sus películas. El transcurso de la misma y su sencillez pueden jugarles una mala pasada y no conectar con los usuarios como en otras películas. No encontramos grandes sorpresas, tan solo una historia de la vida, cotidiana y simple que no busca nada más que mostrar una realidad.