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Crítica: 'Passengers', el sexismo hecho película
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Crítica: 'Passengers', el sexismo hecho película

Categoría: Analisis
4 de Enero 2017 | 14:00

Este artículo contiene spoilers de Passengers.

'Passengers' se presentó el pasado 30 de diciembre en España como una película de ciencia ficción o de aventura, y nada más lejos de lo que realmente es: una superproducción, de más de cien millones de dólares, donde todo gira en torno a la idea de un amor romántico tóxico a más no poder. Pero empecemos por el principio, y vayamos avanzando poco a poco. Eso sí, avisamos de antemano: esta crítica contiene todos los spoilers del mundo, así que si todavía no la habéis visto y estáis muy interesados, dejad la lectura para cuando ya la hayáis podido ver. Si ya la habéis visto, continuad leyendo sin temor.

La película comienza despacio, con una introducción quizás demasiado lenta, en la que se empieza a hablar de una nave espacial que va desde la Tierra hasta otro planeta completamente nuevo. Dentro de la nave hay unos doscientos trabajadores, y unos cinco mil viajeros, todos dispuestos en sus cámaras de hibernación para apenas notar los ciento veinte años de viaje que hay desde la Tierra hasta ese nuevo planeta. Pero, como era de esperar (porque, si no, no habría película), un accidente provoca que una de las cápsulas de hibernación se rompa, y Jim Preston (interpretado por Chris Pratt) despierta de su sueño. En un primer momento, Jim está tan descolocado que no comprende que algo va mal. Tarda quizás más tiempo del que cualquiera de nosotros tardaríamos en comprender que no es normal encontrarse tan solo en una nave con más de cinco mil pasajeros, y es entonces cuando comienza a atar cabos.

Imaginad la desesperación de Jim cuando comprende que aún le quedan noventa años de viaje hasta el "planeta prometido" y que, por lo tanto, jamás llegará con vida. Sus conocimientos como ingeniero le hacen mantenerse activo, buscando diferentes alternativas; no obstante, a lo largo de los primeros minutos de la película se comienza a ver cómo su cabeza deja de funcionar como debería. Con un robot camarero (Michael Sheen) como única compañía, Jim cada vez se encuentra más desesperado. En un momento llega, incluso, a plantearse el suicidio como única alternativa posible. Pero es justo ahí cuando se fija en una cápsula de hibernación y, concretamente, en su pasajera: Aurora (Jennifer Lawrence), una famosa escritora estadounidense. Y se enamora, así, sin más, sin siquiera haber hablado jamás con ella.

Jim, mostrando cada vez más su personalidad obsesiva y un claro desprecio por la vida de la mujer de la que dice estar enamorándose (repito, sin haber intercambiado un par de palabras con ella), empieza a pensar que, quizás, lo mejor que podría hacer es desconectar la cápsula de hibernación de Aurora. Así ella se vería obligada a vivir con él en la nave, y él no se sentiría tan solo. Qué más da que al hacer eso esté condenándola a una muerte segura dentro de la nave, que la esté despojando de todos los sueños que ella tenía de llegar a ese nuevo planeta, de comenzar una vida diferente. Qué más dan las aspiraciones que ella pudiera tener. Lo importante es que él no se sienta solo, ¿no?

Aurora y Jim

El joven habla con el camarero prácticamente todas las noches, contándole sus planes. Quiere despertar a Aurora, porque cree que ella será el amor de su vida. Sabe lo egoísta de sus planes, todo lo que le está robando a la escritora y, aún así, lo hace. Él se justifica, diciendo que no pudo evitarlo; eso sí, siempre ocultándoselo a Aurora. Ella despierta, confusa, sin saber qué ha pasado o por qué su cápsula se ha abierto, y se encuentra con un apuesto Jim (acicalado a conciencia) que trata de ayudarla, aconsejarla y apoyarla. Muy contento, pese a haber cometido algo que, en la vida real, se podría considerar un crimen. Que no os engañe la película: Jim no ama a Aurora, Jim siente que Aurora es algo suyo. Se encapricha de ella, y la ve de su propiedad, un mero objeto que hará que su vida sea mucho más llevadera. La ve como la compañía perfecta sin conocerla, juzgándola únicamente por su físico; que no os engañe con eso de "he leído un libro suyo, sé que encajamos a la perfección", porque eso no pasa. Si Aurora hubiera tenido otro físico, Jim no la habría despertado.

Aurora, un objeto de entretenimiento para Jim

Y, como era de esperar, Aurora se enamora profundamente de Jim sin apenas conocerle, porque es la única alternativa que tiene. No cabe en la mente de los guionistas que entre un hombre y una mujer pueda haber algo aparte de amor y, por supuesto, no hay posibilidad ninguna de que Aurora rechace al atractivo y apuesto Jim. ¿Cómo va a tener una mujer capacidad de decisión, si él ya la ha elegido a ella? La misoginia de la película roza lo escandaloso en este punto.

Desde el momento en el que Jim despierta a Aurora, y ella comienza a enamorarse de él, esperé con ganas ver la reacción de ella cuando él le dijera que la había despertado. Que su cápsula de hibernación no había tenido ningún fallo, sino que había sido él el que, de la forma más egoísta posible, había decidido despertarla. No es lo suficientemente valiente para hacerlo, y es el camarero el que, tras un despiste, le confiesa a Aurora que, hacía cerca de un año, Jim había estado hablando de ella, y de si debería o no despertarla.

El amor tóxico, el eje de la película

Aurora se enfada, lógicamente, y está a punto de darle una paliza de muerte a Jim. A su favor diré que mostró mucha más contención de la que cualquier otra persona hubiera mostrado; porque lo que había hecho Jim no era una broma, ni una prueba de amor: la había condenado a una muerte segura en esa nave. Sí, la nave podría tener todas las comodidades posibles, pero ella quería llegar al planeta nuevo y, un año después, volver a la tierra para poder contar todas sus vivencias en un libro. En lugar de eso, tuvo que soportar que un loco se "enamorara" de ella y decidiera fastidiar todos sus planes.

A partir de aquí, la película se vuelve aún más predecible. La nave comienza a fallar, y él casi se sacrifica para salvar a todos los pasajeros mientras ella le pide que no lo haga. Pero él es un héroe, por supuesto; un héroe al que no le importó en ningún momento hacer que Aurora llevara una vida de cautiverio. Pese a todo, él se salva, y le cuenta a la escritora que ha descubierto un método para volver a dormirla. Todo muy Titanic, claro: él le ofrece la balsa salvavidas, mientras que acepta sacrificarse. Lo que no tiene en cuenta es que tiene que salvarla porque él la ha condenado; parece que este detalle se le ha olvidado.

Pero el "amor" todo lo puede, y ella acepta desprenderse de su vida, de sus sueños, de todos sus planes de futuro, para vivir lo que le resta en la nave con su potencial asesino. Precioso. Sí. Hollywood, esta vez te has lucido. Porque no solo la película gira en torno a un amor tóxico y perjudicial, sino que también tiene un guión bastante manido, unos efectos especiales a los que ya estamos acostumbrados y que poco pueden sorprendernos, y un desenlace totalmente desprovisto de emoción.

No hay por donde salvar esta película, por desgracia. Mientras que el personaje que interpreta Jennifer Lawrence se muestra en ocasiones activo, inteligente y capaz, acaba cediendo a la manipulación sentimental del interpretado por Chris Pratt. Una vez más, se muestra a la mujer como un simple complemento del hombre, incapaz de hacer nada por sí misma y dispuesta a enamorarse del primero que pasa por delante, independientemente de lo que este haya podido haberle hecho. Si queréis ver la máxima expresión de machismo hecho película, prácticamente una alabanza al amor tóxico, sin duda 'Passengers' es vuestra película.

Lo mejor:

- Interpretación de los actores principales. - Efectos especiales.

Lo peor:

- Guión predecible. - Historia bastante sexista.

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