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Crítica de 'Cuentos de Terramar', "solo en la muerte, la vida"
LUCES ENTRE SOMBRAS

Crítica de 'Cuentos de Terramar', "solo en la muerte, la vida"

Categoría: Analisis
25 de Febrero 2020 | 20:00

«Solo en el silencio la palabra; solo en la oscuridad, la luz; solo en la muerte, la vida».

Las producciones de Studio Ghibli siempre se han apoyado en temas universales como representación de sus valores y ecosistemas narrativos. La naturaleza y el choque contra la invasión del ser humano es una parte fundamental de 'El castillo en el cielo', mientras que la tradicionalidad y el modernismo ejercen de ejes opuestos en la discusión sobre sueños y madurez que supone el viaje en 'Nicky la aprendiz de bruja'.

'Cuentos de Terramar' no es una excepción, pero si un punto controvertido dentro del largo historial del estudio. Y es que el universo en el que se fija, el creado por Ursula K. Le Guin, ya cuenta con sus propias leyes y mensajes. Puntos que se sobrescriben, bajo la mirada de un especialmente novel director, Goro Miyazaki, que vería sus influencias —en este caso, mezcla de la citada autora y su propio padre en su figura como director y maestro— como puente en una obra que pierde el rumbo con facilidad pero que se apoya en una mística constante que, incluso familiar, da forma a su trasfondo.

El fruto de una inspiración

'Cuentos de Terramar' no es una adaptación. La propia autora quiso dejarlo claro en su estreno, un ya lejano 2006, pero resulta evidente a cada paso que da la cinta. Es una obra que toma de aquí y de allá, que se deja llevar por sus influencias y que nunca consigue encontrar el norte. Un batiburrillo de cavilaciones que pasa por 'La costa más lejana' y 'Un mago en Terramar', rozando 'Tehanu' o 'Las tumbas de Atuan' —casi dando por hecho la afinidad del espectador con la obra de Le Guin— pero que también toma notas de 'La princesa Mononoke' o 'Nausicaä del Valle del Viento', entre otras, para dar forma a su estructura.

Cuentos de Terramar

Un hecho que, si bien enriquece a la obra de grandes dotes de fantasía a través de pilares tan sólidos como las obras de dichas influencias, no deja de resultar una arquitectura débil, que se tambalea constantemente, realizando ondulaciones en su apartado narrativo que tantas veces chirrían como sirven para ofrecer un pequeño giro capaz de hacer sonar el crescendo de la misma. A fin de cuentas, 'Cuentos de Terramar' es un diamante en bruto; una obra demasiado ambiciosa para las posibilidades del por aquél entonces novel director pero que, incluso sobre esas palabras, demuestra que su ambición no cae en saco roto.

Pero, ¿qué es entonces 'Cuentos de Terramar'? La obra de Goro Miyazaki resulta, de nuevo, un suerte de adaptación del imaginario de la autora que, influenciado por los movimientos de su padre, nos lleva a un punto medio entre ambos autores. En este, Arren, un joven príncipe exiliado por su propio pie tras acabar con la vida de su padre, tomará el camino de la redención junto a Gavilán, un poderoso archimago que busca la paz junto a Tenar y su hija adoptiva, Therru. Una historia que se mueve entre los ideales de paz y redención en conjunción con la idea de un mundo que, a través de la huella del ser humano, abandona su magia y misticismo para cometer con el fin de una era. Y, quizás, de su mundo entero.

La perspectiva del ser humano

Así Miyazaki hijo esgrime, de nuevo, una crítica al ser humano y su efecto que recuerda especialmente a otras entregas anteriores del estudio. La columna vertebral de la obra no es sino la parte más oscura del ser humano. El miedo, la codicia, el egoísmo, pero sobretodo el impulso natural que nos lleva a todo ello. La naturaleza oscura que nos consume y nos lleva a errar y cometer actos horribles.

Cuentos de Terramar

Hablamos de una obra que, pese a contar con una estructura endeble, no teme en hundir el cuchillo de la crítica cuando lo siente necesario. La crítica del autor se mueve, en cierta manera, a través de las teorías de Rousseau, suponiendo al corazón del hombre como algo puro e inocente que se oscurece a través del roce con la maldad de su mundo. Un punto que, sobre las líneas de 'Cuentos de Terramar', llevaría a Arren a realizar una dicotomía interna y separar sus dos partes. Un miedo reinante, a la muerte y al fin, que conformaría su cuerpo y una sombra, la de la razón para vivir, que se convertiría en una sombra intangible que persigue al chico en busca de la comunión con su otra parte.

Así la muerte y la vida son parte fundamental del desarrollo de su argumento. La inmortalidad no es otro que el objetivo de Cob, el villano de la obra que busca, en su temor al olvido, la necesidad de estirar su propia vida. Pero no es el único factor al que hace referencia con ello. Y es que la obra nos habla constantemente de la necesidad del equilibrio. La del ser humano y la naturaleza, por ejemplo pero, insisto, también la de la vida y la muerte.

El equilibrio del mundo

Y es que el equilibrio es tanto o más importante como esta representación del lado más oscuro del hombre. Junto con cualquier poder —incluso el de vivir— nace la necesidad de un equilibrio. El desajuste de este equilibrio es el que lleva al hombre a la decadencia, que obtiene poder sobre la naturaleza y lejos de utilizarlo para contribuir a mantener el equilibrio, lo desestabiliza bajo su propia codicia. A su vez, es el miedo constante a la muerte el que lleva al desequilibrio que enloquece a Cob y amenaza a Arren a lo largo de toda la obra, en forma de una sombra que le persigue de forma constante.

Cuentos de Terramar

La obra nos lo muestra de forma constante, en pequeños detalles que sirven de trasfondo a un discurso general que no siempre se entiende consigo mismo. No hay más que ver cómo los habitantes de la gran ciudad se pierden a través del consumo de una droga "capaz de hacernos olvidar el miedo", la idea constante del mercado de esclavos —un punto que va más allá de la crítica habitual del estudio— o incluso la particularidad de que Arren luche siempre con la espada envainada tras haber robado la vida de su padre.

La naturaleza de Therru —un personaje femenino especialmente bien construido y con una fuerza más que destacable— sirve también de contrapeso a la de Arren, suponiendo un punto fundamental sobre la dualidad entre la vida y la muerte. Y es que si el príncipe busca la salvación de sus propios miedos irracionales, la chica es la imagen de los resultados de ese miedo y la oscuridad que representa. Repudiada y marcada, su ideal de esperanza y sus revelaciones —nuestra vida no es solo nuestra, sino algo que compartimos con aquellos a los que queremos— son la luz entre las sombras en las que tanto insiste su narrativa.

«Rechazar la muerte supone rechazar la vida».

Luces entre sombras

Es evidente que 'Cuentos de Terramar' resulta una entrega polémica por algunos de sus aspectos más importantes. Pese a ser un discurso fuerte no resulta todo lo sólido que cabría esperar y aunque su trasfondo marca sus motivaciones, el grueso de su obra se pierde en diversas ocasiones. Algo que ocurre también con un batiburrillo narrativo que deja huecos sin cubrir y cuestiones sin resolver que deberían ser pilares de la propia obra en sí misma.

Cuentos de Terramar

Incluso así, con sus sombras, las luces de la obra brillan con demasiada fuerza como para no ser escuchadas. Al imaginario de Le Guin sumamos un apartado audiovisual con una fuerza digna de ser mencionada. El uso de la paleta de colores y su fotografía resulta absorbente y regala algunos de los mejores momentos de la obra a través de un lenguaje visual que no necesita de acompañamiento de su guion. Además, la banda sonora de Tamiya Terashima demuestra que Hisaishi no es el único autor capaz de dar vida a las escenas del estudio.

En esencia, y más allá de su función como adaptación, la primera obra de Goro Miyazaki resulta un título importante, capaz de resaltar temas tan universales como es el principal protagonista, sobre la naturaleza del ser humano y la importancia del miedo en su evolución. Más allá de eso, su dinámica de personajes y la constante introspección que realiza sobre ellos la convierte en una obra repleta de grandes lecturas que nos invitan a sumergirnos en ella.

7,0

Lo mejor:

- Los detalles que se esconden tras su discurso.

- Su forma de representar la naturaleza del ser humano.

- La representación de personajes. En especial, la de Therru.

- Su apartado audiovisual, a la altura del estudio.

Lo peor:

- Su estructura argumental cojea en múltiples ocasiones.

- Las lagunas de su historia.

- Su guion tiene cambios de ritmo muy marcados; efectos de un director novel al mando de una entrega ambiciosa.

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