COLOSAL

Análisis 'Shadow of the Colossus' PS4, la perfección perpetua

'Shados of the Colossus' aterriza de nuevo en nuestras manos, pero esta vez de la gran manera en que se lo merece la obra de Fumito Ueda.

Por Xose Llosa 30 de Enero 2018 | 09:01

'Shadow of the Colossus' nació como la perfección imperfecta: maravilloso en su propuesta, y con el lastre técnico como borrón en el título original. La obra de Team ICO es considerada, por necesidad, como una de las piezas más valoradas de la historia del videojuego. Con su aterrizaje en PS4, anticipado y esperado, se impone más de una década después como un gran lanzamiento una vez más. De por medio, una versión HD en PS3 que suplió las carencias técnicas del título en PS2, pero muy lejos de la grandilocuencia y despliegue que el título desarrolla en la plataforma actual. 'Shadow of the Colossus' es imperecedero. Atemporal desde su primer momento, el único elemento que empaña una y otra vez el recuerdo y referencia al de PS2 es que su hardware se le quedaba muy pequeño. Vastos mundos a recorrer, enormes bestias en pantalla, y la chipería de la segunda PlayStation sudando tinta para malograr poner en práctica la imaginación plasmada de Fumito Ueda. Ahora, con el trabajo de Bluepoint en PS4, el juego, por fortuna, sigue manteniendo el sabor inconfundible con el que fue concebido, a la vez que su propuesta técnica es en este caso impecable.

Con una atmósfera de misticismo, y la épica como telón de fondo, la ambición intrínsecamente cinematográfica de 'Shadow of the Colossus' hace que cada trote en Agro sea una bonita postal. Por encima de todo, 'Shadow of the Colossus' era y sigue siendo apartado artístico. Si hacemos una genealogía del Team ICO a través de sus tres obras: 'ICO' es melancolía, 'Shadow of the Colossus' es épica y 'The Last Guardian' es ternura. En torno a ideas relacionadas con la emoción debemos concebir la obra de Fumito Ueda, focalizada en la idea de transmitir, más que en la de contar.

La épica

'Shadow of the Colossus' es la aventura de Wander. Él ve morir a morir a Mono como parte de un sacrificio. Sueña con la idea de devolver la vida a la joven tras una muerte injustificada, y viaja a un templo en el que los Dormin pueden obrar ese milagro. Sin embargo, le advierten sin que él quiera oír: un mortal no debe jugar con la línea que separa la vida de la muerte. Sordo a la advertencia Vende su espada, y le reclaman la muerte de los colosos del mundo para lograr devolver aliento a la joven.

A partir de este punto, el viaje se centra en una aventura en la que debemos terminar con cada uno de los colosos en una secuencia de épicos enfrentamientos. Un mundo enorme a recorrer en libertad, permite experimentar con una noción de mundo abierto adelantada a su tiempo: sin caminos claros que recorrer, sin transiciones, el universo está diseñado de tal forma que nos topamos zonas de plataformas, laberínticas, de pequeños puzles, todo para continuar avanzando a nuevos rincones y cumplir nuestro cometido: acabar con los colosos.

Siempre se ha concebido que el centro de 'Shadow of the Colossus' gira en torno a los enfrentamientos. Lo que en buena medida es cierto. Sin embargo, el propio ejercicio de exploración es algo que aprecio más en esta última partida. En su momento me pareció fascinante el hecho de que un juego de pocos enfrentamientos lograse ser tan absolutamente rotundo en su exploración. Hoy, sin embargo, el relanzamiento nos permite jugar a 'Shadow of the Colossus' mirándolo con el bagaje de los juegos de mundo abierto actuales, como 'Zelda', 'Horizon', 'The Phantom Pain' o 'The Witcher 3'. Nos hemos hecho expertos en el mundo abierto, porque hemos estudiado más este modo de enfocar el progreso de una aventura en los últimos tres años que en la década previa. Lejos de parecer obsoleto o superado, en este momento, 'Shadow of the Colossus' reivindica su papel como impulsor de muchas de las ideas y conceptos que hoy todavía están dispuestos en muchos de estos juegos. La manera natural en la que el mundo se construye se valora más con la experiencia y bagaje actual, que en su momento original en el que, si bien fascinante, resultaba tan rupturista que se hacía en cierto modo inexplicable. Quizá ni siquiera la alcanzase a comprender.

La profundidad

Así, una mirada superficial a 'Shadow of the Colossus' siempre ha arrojado la pobre idea de mundo vacío. Una partida meditada, sin embargo, rápidamente nos enfrasca en la idea de un mundo profundo. Y volvemos sobre el arte. Incluso trotar por una pradera hace del plano que se proyecta en pantalla la expresión última de lo que es 'Shadow of the Colossus'. Así, el artista Matt Taylor, encargado del libro de arte que se edita junto al lanzamiento, lo expresaba: "Lo que más me sorprendió fue lo diferente que era en comparación con todos los juegos a los que había jugado antes. La desolación del mundo fue un contraste brutal con lo que yo esperaba de un juego de acción y aventuras (...) La sobriedad de los paisajes se refleja en la historia. La información contenida en esos paisajes, y distribuida con cuentagotas, te serviría para poder guiarte, pero no te hacía ver la narrativa tan viva y enorme que posee. Sabes todo lo que necesitas saber, las acciones de los personajes los definen más que cualquier trasfondo superfluo.".

Sin embargo, la idea nuclear que proyecta 'Shadow of the Colossus' es la épica. Y la épica en 'Shadow of the Colossus' llega en el enfrentamiento a los colosos. Previo lanzamiento, veía un cambio tan profundo en su apariencia, que temía que este cambio afectase a las sensaciones de jugar. De alguna forma, el 'Shadow of the Colossus' de Bluepoint es irreconocible y a la vez indiscutiblemente familiar.

Uno de los motivos por los que no pasa el tiempo por 'Shadow of the Colossus' responde a su rareza en las animaciones y movimientos. La propia respuesta de los controles sobre el personaje tiene una particularidad difícil de explicar, pero fácil de reconocer. El hecho es que solo a 'Shadow of the Colossus' se juega de esta manera: una forma en la que el personaje principal arrastra una torpeza en cada salto, en cada movimiento, que traducen el esfuerzo de un joven que está abocando una misión que le supera. No es un superhéroe, solo un adolescente con una pesada espada, que deposita un esfuerzo en cada salto que efectúa. Los movimientos pesados del mandoble que empuña, la tensión en sus extremidades cuando escala, o el bamboleo de sus piernas cuando un coloso le sacude, hacen que a 'Shadow of the Colossus' se sienta de una manera reconocible. Ni un ápice de esas sensaciones se pierde en el salto a la versión de PS4: en este caso se ofrece un sistema de control que trata de emular el original, y un sistema de control más depurado creado para la ocasión. Incluso el depurado mantiene el movimiento tosco del personaje, sabedores de que es una faceta creada de manera deliberada. Resulta especialmente congruente con el juego original.

La grandeza

Así, la presentación de cada coloso es una aventura en sí misma. En un momento en el que los enemigos finales son casi rémora, 'Cuphead' en 2017 reivindicó su presencia creando un juego para girar en torno a los enfrentamientos finales. 'Shadow of the Colossus' sigue exactamente esa misma lógica. El enfrentamiento a cada coloso es un nivel en sí mismo: no sólo es un reto de habilidad, sino primero una labor de estrategia en la que se debe entender cómo abordar cada bestia. Todos ellos diferentes entre sí, en su forma, características y habilidades. Para cada uno, la necesidad de crear una forma nueva de afrontarlo. Con la genialidad de necesitar poner en práctica diferentes elementos en cada combate: combinando plataformas, ataques cercanos, lejanos, saltos, escalada... La épica de ver a un joven guerrero poco experimentado enfrentado a bestias que no entran en pantalla, hacen de este juego una de las obras más legendarias que nos ha dado un catálogo.

Ahora, el salto a PS4 impone la pregunta de qué versión jugar. La respuesta sigue siendo que cualquiera de ellas, pero al menos una. Sin embargo, ante la posibilidad de elegir, la versión de PS4 es la más completa hasta el momento. El trabajo de Bluepoint Games se funda en el respeto por la obra original, manteniendo intactas las sensaciones que cuidadosamente dibujó Fumito Ueda y su equipo. Para los que hemos jugado es un chapuzón de nostalgia, para los que llegan de nuevas, una aproximación genuina a una obra obligada.

La versión de PS3, también desarrollada por este equipo, se acerca a esa idea más común de remasterización, solucionando errores de necesaria revisión. Aquí la reconstrucción es completa, con un acabado clarísimamente superior al juego original y equiparable a los estándares actuales. No sólo corrige errores visuales, no sólo estabiliza el framerate, sino que a simple vista despliega un acabado visual verdaderamente espectacular, para un juego de por sí sorprendente. Despliega cuidado en la expresividad de las caras, la presencia de partículas, o el incremento de definición que en este juego de planos muy abiertos sienta fantástico, son los elementos más notorios. El modo foto es otro añadido primordial, ya que cada fotograma es susceptible de convertirse en postal. Independientemente de que lo necesite, de lo que no cabe duda es de que este es el tratamiento que una obra como 'Shadow of the Colossus' merece. Lejos del trabajo sencillo y banal que muestran muchas revisiones, jugando a 'Shadow of the Colossus' en PS4 se aprecia en cada instante el trabajo depositado. El vídeo que se muestra a continuación muestra ese cambio evidente.

En la versión en la PlayStation 4 convencional, la que hemos jugado para el análisis, el juego se mueve a 1080 de resolución y 30 frames. En la versión de PS4 Pro, mejorada, ofrece alternativa para que prime el 4K en un modo cinematográfico, o un modo de rendimiento donde los 60fps se superponen a la resolución.

Conclusión: Lo infinito

La eterna obsesión en todo ámbito de llevar a la primera línea de actualidad obras clásicas, no sólo en videojuegos, sino también en la pequeña y la gran pantalla, emborrona el buen recuerdo de muchas historias. Así, obras muy pegadas al contexto de su época, dos décadas después de su estreno hacen rechinar dientes. Este es el eterno riesgo de la resurrección. Es lo que banalmente llamamos "envejecer mal". Sin embargo, el Team ICO es el Federico García Lorca de los videojuegos: su obra se funda en el simbolismo, en lo emocional, en la aproximación a los intereses primarios de las personas, por ende atemporales. Esta aproximación a lo emocional no solo se traduce en los temas que salpican cada trazo narrativo de un juego como 'Shadow of the Colossus', sino que se traducen en emoción que se siente a los mandos. Obliga a reclinarse sobre el borde del sillón a cada instante, depositando toda la atención sobre la pantalla en un suspiro contenido. Este efecto, palpable en la primera partida con un DualShock 2 entre manos hace una década se mantiene inmaculado ahora, con un DualShock 4, en 2018.