CHINA UNIFICADA

Análisis de 'Dynasty Warriors 9' para PS4, ahogado en su ambición

Únete a la batalla por China en esta aventura de gigantesco tamaño en un mundo abierto como nunca se ha visto en la franquicia de legendarios guerreros antes.

Por Daniel G. Astarloa 13 de Febrero 2018 | 10:10

La franquicia 'Dynasty Warriors' es una que lleva años motivando a este redactor a seguir probando cosas nuevas. Hay algo especial en los espectaculares combos presentados para machacar a batollones de enemigos, en enfrentarte a iguales devastadoramente poderosos y gestionar tu ejército con un objetivo central: someter China y gobernarla de una vez por todas. Es una fantástica manera de acercar la intensa Historia de un país que los occidentales no conocemos tan profundamente como deberíamos, aunque se añadan elementos fantásticos, y lo ha hecho con un gameplay que ha ido evolucionando y sumando hasta la fecha.

'Dynasty Warriors 9' fue anunciado como el siguiente gran paso dentro de la franquicia. Por fin se dejarían de lado con la perfeccionada fórmula ya conocida y cambiarían toda la base del juego para otorgarnos un nuevo sistema de combate, un impresionante mundo abierto y una nueva forma de entender la conquista de todos los reinos en China. Esta era la ambiciosa promesa de los desarrolladores: y aunque han cumplido con ella, quizás el precio haya sido demasiado alto.

Conquista toda China

El gran interés que tenía el público sobre las nuevas funciones añadidas en esta entrega de la saga era el añadido del mundo abierto, poder pasar de una zona a otra sin tiempos de carga ni tampoco una sensación de que los niveles que jugamos una y otra vez tengan que ser los mismos. Suele ser criticado muchas veces que los escenarios de la franquicia son escasos y se tienden a repetir muchas veces en las cientos de horas que los jugadores dedican a cada uno de los juegos.

Y podríamos pensar que se iba a tratar de un pequeño mundo abierto, pero lo cierto es que la China retratada en 'Dynasty Warriors 9' es gigantesca. Podemos tardar eones en llegar de una zona a otra a caballo, especialmente si nos distraemos con los pelotones enemigos que intentan tomar una base aliada mientras estamos de camino o hacemos las actividades secundarias que se nos permiten. Atravesar ríos y montañas es un trabajo duro, pasar por diferentes ciudades de un gran tamaño se hace satisfactorio.

Pero este es un mundo abierto vacío. Lo habitan algunos personajes no controlables que se limitan a quedarse quietos en la misma posición todo el tiempo o hacen la misma tarea de manera infinita, indiferentemente del paso del tiempo. Los poblados no tienen atractivo, las ciudades son clónicas entre sí y apenas presentan importantes diferencias. En decorados y lugares que visitar poco tiene para impresionarnos esta apertura de posibilidades, mucho más tras algunos juegos de mundo abierto que han llegado a lo largo de 2017.

Un mundo enorme

El problema está en que gran parte del esfuerzo del juego ha ido a este gigantesco mapa que, aunque puede resultar impresionante de primeras, no nos presenta tantas posibilidades reales a la hora de disfrutar del juego. Sí, podemos luchar contra ejércitos enemigos que nos encontramos de camino, pero los patrones por los que aparecen suelen repetirse en casi todas las ocasiones; podemos ir a cazar animales, pero el sistema está tan poco pulido que no habrá diferencia con respecto a las batallas normales.

Usar el arco, al que podemos cambiar de manera inmediata, no merece tanto la pena cuando podemos acercarnos a nuestras víctimas y machacarlas sin espantarlas lo suficiente como para perseguirlas a pie para hacer uso de nuestra lanza. Algo semejante sucede con la pesca: podemos sacar nuestra caña de pescar en cualquier río y capturar peces que utilizar después, pero su mecánica es tan simple y aburrida que apenas aportará nada a los jugadores.

Tampoco sus misiones secundarias son acertadas como para justificar la presencia de este mundo abierto. Aunque algunas de ellas cuentan con su propio doblaje y algún que otro toque de humor que puede deberse o no a la localización, las misiones acaban siendo genéricas y aportan poco o nada a la experiencia de juego. Traer un objeto a un personaje, acabar con un grupo de enemigos... No contienen nada novedoso o sorprendente, sólo lo que solemos contar en el subgénero del mundo abierto.

Problemas de base

Podríamos pensar que es suficiente el hecho de que 'Dynasty Warriors 9' se conforme con algunas decisiones básicas en su diseño, que no aspire a la grandeza de otros títulos; pero lo que no es aceptable es su sistema de físicas. Un nuevo mundo abierto requiere cambiar todo el juego desde su base, algo que deseaban los fans de la franquicia desde hacía un tiempo, pero las consecuencias han sido devastadoras. Los saltos, los golpes, el correr a caballo... Nada funciona como debería, mucho menos si intentamos hacer algunas tareas especiales como escalar una montaña. De repente el juego puede convertirse en una fiesta de bugs y errores que rompen cualquier inmersión lograda en los minutos anteriores.

¿Se puede pasar por alto si el juego es divertido? Quizás, pero tampoco logra cumplir sus objetivos en este terreno. El sistema de combate se ha transformado gravemente y en su lugar tenemos unas batallas torpes, poco precisas, sin movimientos lo suficientemente impresionantes ni tampoco enemigos que logren resaltar. Sumadle que los ataques entre personajes son demasiado semejantes y que, por tanto, estamos manejando luchadores casi clónicos entre ellos, rompiendo de forma vasta uno de los alicientes más atractivos de la franquicia. Este es un sistema de batalla básico para cumplir con el juego, uno al que le falta pulimiento y meses de trabajo.

Porque ese es el gran problema de 'Dynasty Warriors 9': le falta trabajo, mucho. El mundo abierto se ha comido gran parte de los recursos y el tiempo de desarrollo, por lo que da la sensación de que muchos otros aspectos en su diseño básico han sido abandonados. El jugador no podrá quitarse la sensación de encima de que está jugando a una versión de acceso anticipado de un juego que promete mucho. Le faltan meses, quizás un año completo de desarrollo para haber pulido los aspectos más básicos de la aventura y lograr así un producto sólido.

Es tan problemático el cambio de motor que puede hacerse algo injugable para ciertos jugadores. La versión de PS4 Pro y Xbox One promete que se podrá jugar a 1080p y 60 FPS, todo un lujo para la vista y casi necesario para disfrutar en su plenitud de un título musou. Por desgracia, este redactor ha probado la versión en una PS4 estándar y no existe manera de cogerla: sí, cumple en su apartado de definición, pero el título es absolutamente incapaz de alcanzar los 30 FPS. Llega a rascar los 20 FPS con suerte, por lo que muchas veces la acción puede ser confusa, caótica y poco agradable para la vista de los jugadores más habituados a la saga.

Conclusiones

'Dynasty Warriors 9' era una promesa demasiado ambiciosa para el corto tiempo de desarrollo que ha debido tener detrás. Parece un producto inacabado que con más tiempo detrás, un trabajo adicional en su sistema de combate y unas ideas más creativas para su impresionante mundo abierto habría logrado destacar en la saga lo suficiente como para ser memorable. En su lugar contamos con una aventura poco atractiva que no tiene mucho con lo que ser recordado y que, probablemente, será recordada como una de las peores entradas de la franquicia completa. A veces es mejor tener una ambición pequeña y sorprender con algo grande que intentar abarcar más de lo que podemos.