SOBRE TODO ODIO

'Skyrim', una historia de amor y odio - La Zona

La quinta entrega de 'The Elder Scrolls' causó sensaciones en el mundo del videojuego. Tanto, que a pesar de las innumerables críticas negativas, siempre volvemos a él.

Por Jonathan León 16 de Diciembre 2016 | 17:52

Cuando se anunció en diciembre de 2010, la quinta entrega de 'The Elder Scrolls' infundió de emoción y expectación a montones de corazoncitos que de repente no pudieron pensar en otra cosa durante el resto del año. Lo mejor es que ni siquiera era una saga tan consagrada y ligada a las emociones como lo pueden ser 'Final Fantasy' o 'Metal Gear'. La mayoría de los que esperábamos 'Skyrim' solo habíamos jugado a 'Oblivion', pero es que probar por primera vez esos mundos abiertos de Bethesda con los preciosistas gráficos de la recién estrenada nueva generación allá por 2006, era una cosa que impactó.

No obstante, la expectación de 'Skyrim' no la construyó solamente su predecesor. Años antes habíamos tenido otro auténtico bombazo bajo la forma de 'Fallout 3', y en ese 2010 salió 'Fallout New Vegas', a mi juicio el mejor juego del estilo mundo abierto de Bethesda jamás creado. Y ni siquiera lo hizo Bethesda.

El caso es que la semilla ya estaba plantada, y los cada vez más impresionantes trailers, con esa pedazo de banda sonora o las promesas infinitas de nuestro amigo Todd, la hicieron germinar en noviembre de 2011. 5 años hace ya de 'Skyrim', nada menos. Y todavía no se nos va de la cabeza, porque hace poco tuvimos su edición remasterizada para la nueva generación y además apareció como estrella invitada en el tráiler de Nintendo Switch. Pero es que tampoco hemos dejado de hablar de él en ningún momento durante todos estos años. 'Skyrim', ¿cuándo te vas a ir?

Te odio

O mejor dicho, ¿cuándo te vamos a olvidar? En el momento de su salida, el éxito era el que cabría esperar tras semejante tsunami de hype: le llovieron los dieces y los GOTYs, se convirtió en un fenómeno viral que incluso catapultó a la fama a personalidades como El Rubius, y las cifras de ventas fueron demoledoras. Hasta fue la luna que eclipsó el lanzamiento de mi pobre, pobre 'Dark Souls' (espero que el símil poniendo a 'Dark Souls' como el sol sea bien alabado). Se le achacaron problemas por aquel entonces, como la ingente cantidad de bugs marca Bethesda durante el estreno, pero eso no le frenó en absoluto.

Yo admito que estaba emocionadísimo. Como 'Oblivion', era un juego de rol con un bonito y enorme mundo que me deja completa libertad para explorar y desarrollar mi personaje a mi gusto, poder vivir mi propia historia. Y además, oh dios mío, ¿eso que veo son dragones? Deme este juego ya. Era más joven, y tenía es mentalidad que me daba una cierta fijación por lo AWESOME, que vendría a ser efectismo puro y duro para vender superproducciones. Qué cojones, ahora también soy así, pero en materia de videojuegos de mundo abierto, y sobre todo de obras de Bethesda, me he vuelto algo más escéptico. Y creo que no soy el único.

Con el paso de los años me fui dando cuenta de que 'Skyrim' no era ninguna maravilla. Más bien al contrario, estaba plagado de errores, y no me refiero a los bugs. Por mucho que me vendas lo épico que es todo en este juego, si resulta que tus personajes y tramas son absolutamente planos y carentes de interés, mal vamos (alguna excepción habrá, como el gremio de los ladrones, pero tampoco te flipes). Por no hablar de que los enfrentamientos contra dragones perdían bastante fuelle cuando mi caballo todopoderoso los tanqueaba como si nada o cualquier aldeano de poca monta se liaba a puñetazos con ellos.

Pero entiendo que esto es un videojuego y que tiene que tener esas cosas absurdas que para tantos memes dan, así como que la gracia de los 'Elder Scrolls' no está en su trama, sino en su mundo y en esas pequeñas historias que nosotros nos montamos. A nuestro amigo y vecino Todd Howard se le llenaba la boca con ese maravilloso sistema de Radiant Story, en el que nuestras acciones moldeaban las historias de 'Skyrim' por pequeñas que fueran. Sí claro, cambiaban cosas, concretamente las frases que te decía el guarda de ciudad clónico de turno, y ya. Era la cosa más cutre y artificial que cabría esperar. Aunque tampoco puedes hacer una "Historia Radiante" cuando todos los personajes que pueblan tu mundo son malditos robots. "¿Vas muy a menudo al Distrito de la Nube? Oh, pero qué digo, pues claro que no". Sí que he ido montones de veces pedazo de imbécil, pero tú no dejas de repetirme eso cada vez que te cruzas conmigo en Carrera Blanca porque no te han programado para decir más cosas.

Todo esto desemboca en lo que yo llamo "el síndrome de 'El Show de Truman'"; somos el puto centro de todo. El juego dispone todos sus elementos exclusivamente para que nosotros vayamos, hagamos la misión, y seamos unos héroes. Podemos ser el líder del Colegio de Magos de Hibernalia y al mismo tiempo el de los Compañeros, el del gremio de ladrones, el de la Hermandad Oscura, el Thane de todas las ciudades y, por si se nos olvidaba, el Sangre de Dragón que está destinado a salvar el mundo. Y esos personajes robóticos que no hacen más que adornar una preciosa tierra muerta ni siquiera reparan en esto. Si acaso los guardas que he mencionado antes, pero no les va a resultar para nada sospechoso.

Viendo este percal, uno no juega a 'Skyrim' para meterse en sus historias porque cree que sea un mundo en constante cambio que permita un sinfín de acontecimientos únicos, lo hace porque es un mundo pensado para enriquecer su ego. Todas las misiones y sus tramas están ahí simplemente para darnos recompensas con las que volver más fuerte a nuestro personaje y al mismo tiempo darle algo que hacer; juegas para subir de nivel. Y el juego quiere que te sientes poderoso, por eso lo pone todo a tu alcance y no te restringe nada.

Puedes vivir tus pequeñas historias sí. Tal vez estés cazando un ciervo y al perseguirlo te metas de lleno en un campamento de gigantes, y lo que te salva es la aparición repentina de un dragón que los distrae. Pero hemos de tener en cuenta que estas son anécdotas, nada que ver con ese artificio narrativo que nos debería hacer sentir que 'Skyrim' está vivo. O al menos, que sus gentes lo están.

Pero te quiero

'Skyrim' es un mundo de chiste... pero es un videojuego que engancha. Incluso sabiendo todo esto, no hago más que volver de vez en cuando y crearme un nuevo personaje para vivir aventuras. Errant Signal decía en su análisis de 'Fallout 4' que era un juego pensado para que el jugador se expresara a su manera en un mundo lleno de cosas, y esa es precisamente la filosofía que rige a 'Skyrim' y al resto de obras de Bethesda. Admitámoslo, mola mucho vagar por esas tierras, cruzarte de repente con un dragón o con una torre llena de bandidos a los que saquear, y escuchar ese sonido de tambores que marcan el nuevo punto de habilidad que ha conseguido nuestro personaje. Entre las cosas buenas que hace, tengo que destacar que el sistema de progresión de personaje en 'Skyrim' es de lo mejor que he visto nunca. Y cómo no hablar de ese poderoso efecto melancólico que te produce el caminar a solas por esas maravillosas tierras nórdicas al atardecer mientras escuchas su magnífica banda sonora. Es uno de los mejores juegos contemplativos que hay.

Me sigue pareciendo un título muy tonto. No es la fantasía épica definitiva que nos vendían, pero caminar entre robots y ser un chico de los recados omnipotente al menos es divertido. Y al final, no nos vamos a olvidar nunca de 'Skyrim'.

En esta noticia