CARA A LA GUERRA

Análisis de 'Utawarerumono: ZAN' para PS4, un musou descafeinado

La franquicia de visual novels con elementos de RPG táctico se apunta a su primer spin off con un juego de acción masiva que intenta atraer un nuevo público.

Por Daniel G. Astarloa 10 de Septiembre 2019 | 20:45

La franquicia de 'Utawarerumono' es una de esas que realmente no sabes cómo afrontar. No parece disfrutar de un gran éxito en ningún territorio, pero crece como la espuma gracias a fans muy acérrimos. Es un nicho entre los nichos, una serie de juegos que parece imposible que hayan alcanzado el punto en el que están. Pero aquí la tenemos, con una secuela en proceso, un remake a la vuelta de la esquina y el proyecto de spin off 'Utawarerumono: ZAN', que reconvierte la fórmula en un género absolutamente diferente: un musou.

Para mí es todavía más extraño, que me declaro fan de la franquicia. Es casi una broma entre otros compañeros del medio, quienes ya se sorprenden en sí de que sea capaz de decir de recorrido el título. Desde fuera ves 'Utawarerumono' y parece una serie genérica de anime, llena de tropos que podemos reconocer a kilómetros de distancia. Pero no es así: es una saga incluso con sus enormes fallos, los cuales ya destacamos en los análisis de los juegos anteriores, sigue brillando por la pasión que desprende, el riquísimo mundo de fantasía en el que se desenvuelve y las tramas personales y políticas que yacen tras la máscara del anime. Por desgracia, no parece que el equipo de Tamsoft comprenda sus puntos fuertes.

Vistiendo la Máscara de la Decepción

El argumento de 'Utawarerumono: ZAN' es quizás el punto más extraño con el que el equipo de desarrollo ha decidido afrontar la tarea de trasladar la franquicia al mundo de la acción. Tomamos el papel de Haku, un misterioso joven que, de alguna forma, ha acabado en un lugar que no reconoce como el suyo: uno donde una sociedad de humanos con rasgos animales vive como principal civilización y monstruos terribles acechan en los bosques. Junto con Kuon, su salvadora, debe buscar un propósito para su nueva vida a la par que aprende quién es él y cómo ha llegado a tal situación.

Los ya familiarizados con la saga reconocerán el argumento: es, punto por punto, la historia ya contada en 'Utawarerumono: Mask of Deception', la segunda entrega de la saga. Es un movimiento extraño: los dos últimos juegos se publicaron para PS4 hace apenas un par de años en occidente, por lo que volver a contar la misma trama es una decisión un tanto extraña. No investiga nuevas posibilidades, historias alternativas o se abre a la presencia de nuevos personajes: empieza y acaba en el mismo punto que la obra original.

Podría pasarse por alto si no fuera porque es especialmente problemático considerando la obra original. Deception podría durar perfectamente cuarenta horas de juego, pero más del ochenta por ciento de aquella aventura era novela pura: las fases de RPG táctico eran casi anecdóticas en el proceso. 'Utawarerumono: ZAN' sólo se interesa por la parte de la acción, así que los tramos de historia intenta pasarlos lo más rápido posible y eso daña la experiencia final. Intenta estar a la altura, pero el propio guión es incapaz de ello por dedicar menos tiempo a los eventos y la exploración de personajes. Y eso hace mella en algo más que su argumento.

Preludio a la caída

Es comprensible que 'Utawarerumono: ZAN' intente buscar un nuevo público al que los juegos originales no pudieran acceder, pero no tendría que haberse limitado a contar sólo la segunda entrega de la saga. Es comprensible que no quisiera centrar su atención en la primera con el remake en camino, pero cuanto menos debería haber fusionado 'Utawarerumono: Mask of Decepcion' con 'Utawarerumono: Mask of Truth', que conforman una historia total. La historia de este spin off empieza y acaba en los mismos puntos exactos que el juego en el que se basa, por lo que termina con un cliffhanger que promete que la acción de verdad dará comienzo en la próxima entrega. Era permisible cuando se trataba de una novela visual de cuarenta horas, pero la duración de 'Utawarerumono: ZAN' palidece con respecto a aquella: apenas alcanza entre las cinco y ocho horas, con un número muy limitado de misiones en la rama principal de la historia.

El juego no se conforma con sólo estas misiones, por supuesto. Tenemos a nuestra disposición misiones secundarias que se desbloquean a medida que más avanzamos, podemos jugar en los escenarios de la aventura con misiones recontextualizadas... Estos modos de juego apenas aportan nada nuevo a la rejugabilidad. El verdadero interés está en los retos de la Arena, donde podemos poner a prueba nuestra habilidad de verdad al colocarnos en una serie de combates donde sólo controlamos a un personaje concreto de nuestro equipo, lo que nos obliga a especializarnos en el uso de cada uno de ellos y mejorar nuestra habilidad con el mando.

Son pocos los miembros sobre los que tenemos control, pero todos ellos destacan por algo diferente en batalla. Son los mismos que en la obra original, lo que nos deja con una docena de guerreros. Es un número bajo comparado con otros musous, pero suficiente para dedicar nuestra atención y convertirlos a cada uno de ellos en las mejores versiones de sí mismos bajo nuestro mando. Podemos formar un equipo de hasta cuatro luchadores que usar en casi todas las misiones, y cambiar en el aire el líder del grupo.

Promesas de verdad

Podemos sumarle el modo cooperativo, donde más brilla el control particular de cada uno de los personajes por separado: podemos unirnos a la sesión de un amigo para completar la aventura juntos y explorar el rico mundo de 'Utawarerumono' en compañía, algo que merece explorarse con mayor profundidad en una posible secuela. Un musou, como buen beat 'em up que es, se disfruta más en compañía, sobre todo si es de cara a las misiones secundarias más difíciles y exigentes. Si decidimos jugar en solitario tampoco es que vayamos a pasarlo mal, ya que por suerte la IA de nuestros compañeros es eficiente y funciona a la perfección en batalla.

El problema de 'Utawarerumono: ZAN' no es el número de personajes controlables, sino el tamaño de aquello a lo que podemos hacer frente y lo que no. El número de jefes finales a los que enfrentarnos es muy bajo para un musou, no podemos luchar contra versiones de nuestros protagonistas controlados por la IA en su mayoría y, para rematar la faena, los escenarios son extremadamente pequeños. No resulta molesto al pasar por el modo Historia, pero cuando debemos revisitar esos mapas varias veces para las actividades secundarias se hace repetitivo y muy problemático.

Quizás lo más atractivo para los fans que deciden entrar en esta entrega de la saga es ver algunas de sus escenas favoritas esta vez con cinemáticas 3D animadas y con modelos menos infantiles que en el juego original. Y sin lugar a dudas el título brilla en este apartado, aunque ojalá hubiese habido un mayor número de escenas de esta clase: sigue centrándose mucho en su aspecto de novela visual para contar los eventos de la historia.

Conclusiones

'Utawarerumono: ZAN' ex un proyecto extraño. Quiere atraer a un nuevo público a la franquicia y eso es encomiable, pues recomiendo de corazón dar una oportunidad a las novelas visuales que componen los juegos principales de la saga. Sin embargo, la decisión de recrear al completo la segunda entrega nos deja un producto que no puede estar a la altura en casi ningún aspecto. Quiero ver más musous basados en el universo de Utawarerumono, pero no así: una versión aguada de un juego todavía muy reciente en la memoria de occidente.