OPINIÓN

Sexo, mentiras y recreativas: una radiografía actual del videojuego

¿Por qué jugar a videojuegos tiene que ser asociado a drogarse como un adicto?

Por Juan Pedro Prat 13 de Enero 2019 | 12:31

Tengo que reconocer que me llevan los demonios cada vez que se usa al videojuego para potenciar los mensajes más negativos posibles sobre la población más joven de nuestro país. Anoche leí el texto que Pilar Arranz escribía para El Mundo, donde hacía un repaso muy acertado por las muchas actividades potencialmente peligrosas para aquellos que están empezando a descubrir verdaderamente el mundo. La periodista hizo un trabajo minucioso con su reportaje, ya que se ha servido de numerosas estadísticas y estudios para elaborar su texto, pero en la cuenta de Twitter del medio citado parecen no tener mucho aprecio por aquellos que se molestan realmente en elaborar un buen texto.

Muchas veces (por no decir todas), Internet impera por encima de las propias necesidades de la actividad periodística. Se podría decir que la red global es el peor enemigo de cualquier periodista, ya que le exige llevar a cabo una serie de acciones que van en contra de lo que se verdaderamente el periodismo. El periodismo no es cebar, no es manipular ni es mentir. Tampoco es alarmar ni distorsionar la realidad. Es la actividad mediante la cual se describe la realidad tal y como es. Sin interpretaciones, sin modificaciones. Esto es lo que ha hecho que el texto de Arranz, titulado 'Alcohol, drogas, juego... las adicciones de los adolescentes' acabe siendo conocido como 'Menores enganchados' y acabe centrando más su atención en los videojuegos que en las drogas y el alcohol. ¿Por qué? Porque conviene.

Ese es el tuit que publicaba El Mundo ayer y en el que se incluye un trozo de la entradilla del propio texto. Luego, cuando uno se lee de arriba abajo la pieza, se da cuenta de que, realmente, el videojuego es el 2% de todo lo que se habla. Se hace una breve mención a 'Fortnite', pero ni siquiera es escandalosa la referencia que se incluye. El foco se pone en los jóvenes menores de 18 años que descubren cada vez más rápido vicios tan poco recomendables como el alcohol, las drogas o el juego online. Y aquí está la cuestión. El juego online no es el multijugador de 'Fortnite', son los portales de apuestas donde se puede arriesgar con dinero real para multiplicar los beneficios.

Un agente común

Entonces, si los males de antaño son los males de ahora (en otro formato), ¿por qué reducir todo al videojuego? Pues ya os lo digo yo, porque es el medio que aglutina, en cierto modo, todo lo malo de esas actividades. La industria del ocio electrónico ha sido culpada en los últimos meses de masacres en colegios, en eventos deportivos y de corromper las mentes más jóvenes. Es el enemigo a batir y hay que colocarlo en el punto de mira siempre que se pueda. Los estudios sobre la relación directa entre videojuegos y agresividad han demostrado que no existe un vínculo causal entre ambos, lo que no quiere decir que una exposición prolongada y desmesurada a un videojuego no tenga consecuencias negativas. Como todo, realmente.

Hasta las actividades más beneficiosas para nuestro organismo, como el deporte, puede ser contraproducente si se realiza en exceso. Uno de los principales problemas que se mencionan en el texto de El Mundo es el consumo de alcohol en adolescentes de entre 12 y 15 años y se recogen testimonios de responsables del SAMUR de Madrid que indican que se han encontrado a menores de entre estas edades con comas etílicos. Y los padres estarán preocupados porque una noche, su hijo se la pasa jugando a 'Fortnite' con un par de amigos.

La clave de toda esta situación está en el desconocimiento y el descontrol. No hay interés por conocer los beneficios y la potencialidad de una industria que para muchos sigue siendo un juego para niños. Tampoco hay una mesura en su exposición. El uso de videojuegos no supone un perjuicio para ninguna mente, pero si en las más jóvenes no hay un control y un régimen de uso, se vuelve dañino, porque quien lo usa no distingue entre lo que debe hacer y lo que puede hacer. Y eso está en la mano de los propios usuarios.

No hay que llevar a un niño al médico porque quiera jugar un rato con sus amigos online. Por el contrario, se le puede preguntar, conocer más sobre sus actividades y no aparcarlo delante de una pantalla. Igual que tampoco es recomendable despacharlo de casa para que no se vuelva insufrible. Luego vienen los comas etílicos, las adicciones y todo lo demás. Y no siempre se va a poder culpar al videojuego.

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