OPINIÓN

Recordando 'Magical Quest Starring' en el 90 aniversario de Mickey Mouse

Ahora que Mickey Mouse lleva unos días con 90 años a sus espaldas, repaso uno de sus mejores juegos. Desde luego mi favorito, y también un título muy especial en el maravilloso catálogo de SNES.

Por Oriol Vall-llovera 22 de Noviembre 2018 | 20:09

Creo que, a estas alturas, no queda prácticamente ningún juego de Mickey Mouse que mi compañero Alberto Carmona no haya analizado ya en Zonared. Bueno, imagino que alguno sí habrá, pero haciendo un repaso rápido a los relacionados de este artículo podrás ver por ti mismo el gran cariño y aprecio que le tenemos al personaje en esta casa. El otro día cumplió 90 años. Y menos mal que es un personaje de ficción, porque de otra forma estaría que no podría dar ni un solo salto más en el sector de los videojuegos. Por nuestra suerte, es posible seguir disfrutando de este entrañable personaje de Disney tanto en la gran pantalla como en nuestras consolas. Incluso aunque, como buen amante del retro, estoy convencido de que sus mejores tiempos ya pasaron.

Un juego mágico

Algunos me dirán que pronto lo veremos en plena acción en 'Kingdom Hearts III' y la verdad es que razón no les faltará. Yo mismo tengo unas ganas enormes de ver el "papelón" que seguro va a tener tras lo visto en 'Kingdom Hearts 2'. Ahora bien, si me preguntáis cuál es mi título favorito de Mickey, no tengo ningún tipo de dudas. En mi caso particular no es ni 'Land of Illusion', ni 'Castle of Illusion', ni siquiera 'Mickey Mania' (o Wild Adventure' en PSX), que suelen ser los favoritos en cada quiniela y los cuales también me encantan (como para no gustarte). El mío es un juego más desconocido, aunque tampoco tanto si tienes unos añitos. Os hablo de 'Magical Quest Starring: Mickey Mouse'. Un juego que en su día fue exclusivo de Super Nintendo, y que años más tarde llegaría también a GBA mediante un port/remake. Ahí, compartiría protagonismo con Minnie, por cierto.

Pero... ¿por qué me gusta tanto ese juego? La respuesta es sencilla: es un producto mágico. De esos que desprenden un halo que, combinado con el factor nostalgia, los hace especiales. No sé muy bien como explicarlo más allá de las típicas palabras de "como los de antes" o "de esos que ya no hacen". Entre otras cosas porque tampoco es así, e incluso hoy en día vemos desarrollos que nos recuerdan antaño (ese 'Spyro Reignited Trilogy' es un gran ejemplo). Pero lo que sí resulta objetivo es que su calidad como videojuego está fuera de dudas. Entre otras cosas, porque pasó por la vara de medir de aquella Capcom que convertía en oro todo lo que tocaba.

Una Capcom que, por aquel entonces, también contó con la inestimable ayuda de la propia Nintendo, o incluso de Disney. El resultado es un juego de plataformas de la vieja escuela muy en la línea de aquellos maravillosos 'Aladdin' y compañía. El contexto nos ponía ante una situación desesperante: Pluto desaparece mientras busca una pelota que le hemos lanzado. Pronto descubriremos que ha sido raptado (imaginas por quién, ¿verdad?) y tendremos que ir en su búsqueda. Hasta aquí todo normal; pero es que la música ya acompañaba en aquel mítico opening que todos los que habéis jugado tenéis grabado a fuego en vuestras retinas. Ya mostraba ese halo especial del que os hablaba antes. De todas formas, si tuviera que quedarme con un único detalle del juego; aquel que resume muy bien el porqué es tan especial, lo tendría muy claro. Os estoy hablando de los disfraces.

Una serie de skins que, lejos de los cosméticos abusivos de hoy en día que nos hacen pasar por caja y no aportan nada más que algo visual, eran capaces de transformar la jugabilidad de los niveles, claramente divididos en "mundos". Desde el traje de bombero, que nos hacía jugar con el fuego no solo en las partes de acción sino también en las plataformas o los puzles, hasta el mítico traje mágico que podéis recordar de la carátula del juego en Super Nintendo. Cada nivel era un derroche de originalidad y colorido. Amén especial para los jefes finales, completamente memorables. Aunque por memorable el final, que es la viva prueba de que no hacen falta grandes alardes para construir una historia capaz de sacar una sonrisa al jugador. Como viene siendo habitual en Disney, vaya. Ah, y sí, Alberto Carmona lo analizó también.