CICATRICES QUE PESAN

Mejores juegos 2018: 'God of War', un resurgir de las cenizas magistral

La vida da muchas oportunidades, pero solo unos pocos saben aprovechar el momento

Por Juan Pedro Prat 27 de Diciembre 2018 | 15:20

Desde que vi ese primer vídeo de jugabilidad del nuevo 'God of War' supe que el título de Santa Monica estaba destinado a despuntar por encima del resto de sus competidores cuando saliese al mercado. No hablo del despliegue técnico, sino de lo que Cory Barlog ha hecho con un personaje y una saga que están anclados férreamente en el imaginario del jugador. Una saga que iba a pasar al olvido eventualmente por ser extremadamente violenta, con un protagonista bastante plano y una última entrega totalmente prescindible. No. Kratos es más, siempre ha sido más y el tiempo me ha dado la razón.

La posibilidad de coger un universo y transformarlo a niveles extremos no es algo que se dé muy a menudo dentro de la industria del videojuego. No es algo común ni siquiera ahora que las experiencias creativas y los títulos indie están abriendo un panorama rico en nuevas formas de narrativa e historias que representan problemas más cotidianos. Cory Barlog y su equipo han lanzado un órdago a la industria para decirle que se puede evolucionar y crecer de manera lógica para ofrecer un juego mucho más maduro en todos los sentidos. Y lo han conseguido con creces.

Un fénix que resurge

'God of War' estaba acabada tras 'Ascension'. Los jugadores estábamos hastiados de ver a Kratos rajar a todo tipo de seres mitológicos. Estaba cansado hasta él. Y el cansancio es el primer síntoma de enfermedad en esta nuestra industria. Por suerte, Santa Monica salió de la carrera a tiempo para descansar y reconstruir a un personaje que se había ido haciendo añicos durante toda su odisea para obtener venganza. Lo reconozco, aunque sabía que Kratos tenía mucho más para dar, su representación era lo que era: un guerrero espartano bastante arisco con ganas de matar. Los ingredientes para transformar al espartano estaban ahí, pero había que aplicar la fórmula adecuada. Y en el estudio de Sony tenían al alquimista perfecto para transmutar todos esos elementos.

'God of War' ha dado una lección de madurez a la industria, porque lo que empezó siendo una saga de violencia sangrienta, se ha convertido en otra de pura visceralidad emocional. Kratos era un bloque de músculos que no dejaba entrar ni salir ningún tipo de emoción más que la ira, la cual le había consumido. La edad y el frío del norte le han sanado las heridas y las cicatrices son ahora más visibles. Solo había que conseguir que el espartano fuese más humano, más vulnerable, para conseguir conectar con él. Eso ha sido una tarea titánica que ha llevado a cabo Santa Monica, ya que no es complicado hacer eso sin cambiar el personaje, su trasfondo o, directamente, cargándote algunos elementos por el camino.

Esto significa que Kratos tenía el potencial para crecer y convertirse en lo que es ahora. Gran parte de culpa de la humanización de este personaje la tiene su hijo, Atreus, otro riesgo que corrieron en el estudio con el fin de evolucionar en la narrativa y apostar por un público que exige argumentos más elaborados e intensos. El tándem padre-hijo sigue la estela de otras grandes parejas extremas como Joel y Ellie, los protagonistas de 'The Last of Us'.

Ahora, cuando pensamos en 'God of War', ya no se nos viene a la cabeza esa imagen de Kratos inmerso en un ballet de muerte y destrucción, sino que evocamos los sentimientos de un padre mutilado emocionalmente que intenta regenerar las emociones que le fueron arrebatadas en el pasado. Se preocupa, pero no puede expresarlo de la manera correcta, porque le extirparon los canales para hacerlo. Por todo ese redescubrimiento interior. Por todo ese desgarro que traspasa la pantalla, 'God of War' se merece el título de Juego del Año.

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God of War (2018)