EL PECADO

'The Mandalorian' 1x03, lo mejor del western de época

El Mandaloriano se reúne con su cliente para reclamar su recompensa. Desconoce que el auténtico precio de hacerlo no está en el dinero, sino en su culpa.

Por Daniel G. Astarloa 24 de Noviembre 2019 | 12:00

Las aventuras del mandaloriano continuan tras el pequeño descanso que suponía su segundo episodio para sumergirnos de nuevo en plena trama. 'The Mandalorian' enseña todas las cartas de su baraja y nos trae un capítulo nuevo de su historia que deja boquiabiertos a todos: personajes son puestos a prueba, la identidad de muchos se pone en duda y el devenir de un niño pequeño está en el aire durante cada segundo. Todos los ingredientes para refinar el mejor episodio de lo que llevamos de temporada.

El Pecado

La trama en esta ocasión nos devuelve al planeta de la mitad del primer episodio, a integrarnos en el gremio de cazarrecompensas, el establecimiento temporal de los imperiales y más importante aún, la presencia del clan completo de los mandalorianos de la zona. La tensión se puede palpar en el aire con todos ellos, pero no por las amenazas externas que desean lanzarse sobre nuestro protagonista por tener consigo una de las recompensas más jugosas que se haya visto en estos lares: el peligro es interno.

El episodio, titulado muy correctamente El Pecado, muestra dubitativo y, en cierta manera, vulnerable en todo momento a nuestro protagonista. Se niega a aceptar el sello que el clan le quiere conceder, un contraste con su impaciencia por serle asignado uno en el primer episodio. No se detiene a celebrar su recompensa, sino que quiere evadirse de todo con un trabajo, uno que sea lo más lejos posible en la galaxia. Ni siquiera puede ver su nave de la misma manera. Algo ha cambiado en la última misión, y aunque su fama y honor como cazarrecompensas ha crecido por cumplir con ello no se siente satisfecho.

El trabajo de Paco Pascal es magnífico, porque podemos apreciar su dolor y dudas sin necesidad de verle la cara en ningún momento. Ningún otro actor de todo el capítulo llega a estar a su altura, ni siquiera el pequeñajo, que aunque rezuma personalidad y encanto no logra esta vez robar la atención de la pantalla.

Otros personajes que brillan como una única entidad en este episodio son el grupo de mandalorianos que residen en la zona, los cuales muestran en muy poco tiempo su juicio por nuestro cazarrecompensas. No están cómodos con la idea de recibir pagos del Imperio que tanto dañó su religión, aunque ya no existen de por sí, y sospechan que hay algo más allá de este trabajo. La pequeña pelea interna que tienen para intentar quitarle el casco al protagonista es una forma de humillarle, lo que nos indica que aún no le ven del todo como parte de los suyos. Es un novato no nacido en Mandalore; un huérfano de la guerra que tiene que demostrar que merece ser parte de la religión.

Así lo hace. Los últimos diez minutos del episodio son un éxtasis en los que vemos a nuestro ex cazarrecompensas romper los códigos de su oficio, convertirse en un fugitivo y enfrentarse a todo un pueblo lleno de los mejores asesinos del universo completo. Jamás podría salir él solo de esta situación, y verle así de vulnerable, intentando proteger con su cuerpo a aquel por el que ha decidido dar su vida... Ese es el momento en el que se define como mandaloriano. Y entonces llega la caballería.

'The Mandalorian' nos prometió más 'Star Wars', y lo que muchos no esperarían es que fuera en esta dirección. La batalla final, la reunión de todos los compañeros que han pasado a aceptar a nuestro protagonista como uno de los suyos, es magnífica. Es una batalla a gran escala digna de los mejores episodios de 'Clone Wars', un desfile de disparos y una guerra digna de un final de temporada. ¡Y estamos a plena mitad!

Por si no fuera suficiente, el mensaje que se aplica con este rescate va más allá. Los mandalorianos son mucho más que un grupo, son una familia. Asumen que con esta acción perderán su base en el planeta, y también probablemente el trabajo de muchos de ellos. Pero eso son cosas que se pueden sustituir. El miembro de la familia que ha dado la espalda a eso por hacer lo correcto, no. No están definidos por sus cascos, sino por su orgullo y honor de los caballeros legendarios que una vez fueron y siguen siendo.

El futuro ahora es un misterio para el protagonista, pero vaya adonde vaya puede sentir que sabe quién es pese a todo: no un cazarrecompensas, no un hombre. Es, por encima de todo, un Mandaloriano.