GATILLO FÁCIL

Análisis de 'Super Hydorah'. En el espacio también se suda

Analizamos lo nuevo de Locomalito, un shooter bidimensional de los que despiertan nostalgia.

Por José Antonio Rodríguez Gómez 28 de Septiembre 2017 | 14:10

Entre cientos de títulos con grandes gráficos, entre miles de proyectos que buscan hacer avanzar la tecnología, entre candidatos y candidatos a ser el título con mejor argumento, desde profundos walking simulator hasta productos basados la acción; emerge 'Super Hydorah', el juego de Locomalito y Gryzor87. Una gozada absoluta y un título que desafía lo establecido volviendo la vista hacia los clásicos más importantes del mundo arcade. Una experiencia de las que nos hacen machacar los botones, enfadarnos, sufrir y a la vez tener una inmensa satisfacción cuando finalmente conseguimos nuestro cometido: derrotar al enemigo y haber salido de una pieza.

La sencillez es eficaz

El título que nos ocupa representa muchas cosas, pero es a la vez una muestra de cómo influyen la jugabilidad y el ritmo en la experiencia del usuario. Y es que en el pasado, los juegos de naves parecían controlarse de forma algo más sencilla que los lanzamientos recientes, que parecen dependientes de la lectura de un "Compendivm". Flechas (o joystick) para movernos y un par de botones, uno para disparar y el otro para el disparo "fuerte"/misil/secundario. Y ale, a correr. La verdad es que efectivo sí que sigue siendo en este 'Super Hyodrah', que se vuelve tan intuitivo en su control como lo habría sido empotrado en la pantalla de una recreativa durante los años 90. ¿Recordáis el clásico Nemesis? Muy bien, si os gusta, este os va a encantar.

21 fases con 35 subniveles en los que la dificultad empieza a subir, a hacer la experiencia más dura, a hacernos sudar la gota gorda y a obligarnos a poner toda nuestra concentración en la pantalla, pues son varios los enemigos de gran tonelaje y millones los disparos y misiles espaciales que nos toca esquivar por doquier. Son niveles que, como antaño, emplean el sistema de desplazamiento automático, por lo que la nave está en continuo avance lateral. Pero claro, eso también significa que estamos sujetos a no poder volver atrás o a tener que tomar decisiones de forma rápida y concisa: no calcular bien o no tomar la ruta adecuada es sinónimo de una muerte segura o de que vamos a tener que gastar los misiles en destrozar rocas espaciales o torretas, tan presentes en el juego que llegamos a odiarlas pasadas unas horas de partida. Son escenarios realizados con gran gusto por el pasado, con muchísimo nivel de detalle y con una sana intención de hacernos pasar más de un mal rato.

Gusto por el retro

Para esto, el juego cuenta con un bestial aspecto retro. No se trata sencillamente se haber empleado píxels, que parece haberse convertido en el método que más gusta a los programadores indie. En este caso, el título recrea auténticas naves del estilo clásico y los niveles parecen sacados de una máquina de 16 bits, lo cual no está reñido en absoluto con ciertos efectos simulados de "varios planos" que buscan añadir profundidad al apartado visual y de un colorido capaz de cautivar que se ve a su vez "apagado" gracias al efecto de las "líneas" que imitan las antiguas pantallas en televisiones o recreativas, unos años en los que aún no se estilaba el uso de monitores planos ni de alta definición. Luce de maravilla, tiene lo necesario para hacernos viajar en el tiempo e incluso para fantasear con que aún estamos en esa época maravillosa en la que, eso sí, probablemente nos habría costado unos cuantos créditos jugar.

Pero lo cierto es que el juego es una experiencia plena, magnífica, intuitiva y a la vez tan atrozmente difícil que no nos importa repetir una y otra vez los niveles hasta conseguir nuestro cometido. Podemos jugar solos, o bien podemos apoyarnos en las partidas multijugador, que permiten que, en red, tratemos de sobrevivir al asedio de nuestros enemigos y del entorno de cada uno de los niveles acompañados por un colega. Está también el modo Robot, en el que vamos a controlar a un ser mecánico en un estilo de minijuego de supervivencia en el que hay tanto a lo que disparar y tanto por esquivar que casi dan ganas de desaconsejarlo a las personas con sensibilidad visual de la que provoca epilepsia. La dificultad del título a veces parece relajarse, a veces parece no tener límites, y es en esos momentos en los que parece puesta ahí para hacer durar el juego, que de por sí nos garantiza que, a menos que ese día nos sintamos con una miente preclara, vamos a tardar cerca de una decena de horas (en intentos, no seguidas) en superar sus niveles.

Conclusiones

Es hora de plantearse si un juego retro como este tiene la capacidad de sentar las bases como título actual o si siempre vamos a hablar de él como una oda al pasado. Y lo cierto es que funciona en ambos sentidos. Hay que tener mucho cuidado a la hora de valorar lo que ofrece, y de si es o no "repetitivo". Porque no, no lo es. Es de hecho un placer absoluto jugar, y ya no estamos en un momento en el que el comentario de "una nave que no deja de hacer todo el rato lo mismo" sea siquiera aceptable. Gran opción para los fans del retro, mejor compañía para los más maduros y una ocasión excelente para que los más jóvenes se interesen por un estilo que no necesita de narrativa, ni de espectaculares efectos en tres dimensiones. Solo un buen número de naves, música sintetizada y un paquete de pañuelos para ir sobrellevando el sudor que van a expulsar por los poros mientras intentan por todos los medios no se alcanzado por el misil o disparo en cuestión... y si no lo consiguen, pues qué remedio. Habrá que volver a intentarlo.