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Análisis de 'Void Bastards' en Xbox One: Un roguelite con una personalidad arrolladora

Nos ponemos en la piel de un bastardo y analizamos 'Void Bastards' en Xbox One. Un FPS con elementos de estrategia y una estética inconfundible.

Por Roberto Pineda 30 de Mayo 2019 | 12:00

Llegó apenas hace un par de días sin hacer demasiado ruido y ya está dando que hablar. Lo nuevo del estudio australiano Blue Manchu —en el que figuran antiguos empleados de Irrational Games— se llama 'Void Bastards' y nos propone sobrevivir en un interesante FPS de ciencia ficción con elementos estratégicos y una estética inconfundible. A pesar de que sus creadores no han dudado en compararlo con 'BioShock', nada más lejos de la realidad; estamos ante un auténtico roguelite. Y de los buenos.

Saqueando que es gerundio

'Void Bastards' nos propone algo que hemos visto incontables veces: explorar, saquear cualquier cosa de valor y eliminar a cualquier amenaza que se interponga en nuestro camino. El secreto está en hacerlo a su manera. No esperéis un FPS profundo ni una jugabilidad exigente. Aquí, el auténtico desafío es aprender a calcular cada paso del enemigo, su localización e incluso saber elegir el momento ideal para atacar... o para salir corriendo. A los mandos, la acción es tan sencilla y accesible como pulsar un botón para disparar, otro para cambiar de arma y el stick para desplazarnos. ¿Sencillo? Mucho, pero perfectamente funcional. Aunque es cierto que no todos los enemigos siguen las mismas pautas de comportamiento (algunos nos persiguen, otros son muy lentos...), la realidad es que es relativamente fácil dominar la situación. La clave es, como decimos, saber medir los tiempos y no tomar una mala decisión en el momento equivocado.

A la hora de comenzar una nueva misión, la fórmula es muy simple y se adapta a la gran mayoría de ellas: llegamos al lugar de los hechos, comprobamos el tiempo que podemos permanecer en el mismo, echamos un vistazo al mapa y nos lanzamos a recorrerlo con la intención de buscar tesoros y hacer frente a todo lo que se mueva. Sin embargo, cada expedición puede contar con sus propias características, como invitarnos a jugar a oscuras porque la electricidad no funciona en la nave, duplicar la cantidad de enemigos porque una tripulación no deseada busca lo mismo que nosotros e incluso reducir el tamaño del mapa debido a los elevados niveles de radiación en zonas concretas del mismo. Estos pequeños desafíos alteran la naturaleza de cualquier misión estándar y aportan frescura al desarrollo, dando lugar a una experiencia en la que nunca sabemos a qué estamos a punto de enfrentarnos. El estudio australiano ha sido muy inteligente a la hora de concebir una propuesta que todos conocemos, pero que se renueva constantemente gracias a las numerosas variantes que surgen sin previo aviso.

Cualquier cosa puede matarnos. Incluso nosotros mismos

Cuando Blue Manchu define a su obra como un FPS estratégico, hay que decir que la descripción es perfecta. No hay que tener muchas luces para saber que, si un enemigo nos cuela una bala entre ceja y ceja, la partida habrá llegado a su fin. Pero, asimismo, en todo momento nos acompaña una amenaza tanto o más peligrosa: nosotros mismos. En el mapa de la nebulosa no solo encontramos naves en las que hacer incursión tras aceptar una nueva misión; también pueden aparecer elementos aleatorios como recursos ubicados en mitad de la nada o estaciones de servicio. Podemos acercarnos —esto se hace directamente desde el menú—, pero debemos ser conscientes de que toda acción tiene sus consecuencias. Si por un casual no tenemos comida o combustible suficiente para llegar demasiado lejos, es probable que hacer un alto en cualquier de estos lugares nos lleve a una muerte agónica.

Esta mecánica dota al título de un componente estratégico que debemos tener en mente en todo momento. ¿Investigamos una nave abandonada a sabiendas de que nuestra salud es escasa o nos acercamos a una estación con la intención de encontrar suministros? En principio, la segunda opción parece más inteligente, pero, ¿y si solo nos queda combustible para viajar un día más? En 'Void Bastards' todos los detalles son importantes, no solo el hecho de acceder a unas instalaciones y liarnos a tiros con todo lo que se mueva. A pesar de que estamos ante un roguelite en toda regla, la necesidad de gestionar nuestro periplo espacial mientras tratamos de dosificar nuestras provisiones terminan dando lugar a una experiencia tan original como gratificante.

El final da lugar al mejor de los comienzos

De una forma similar a lo visto en el aclamado 'Dead Cells', cuando caemos en combate —o morimos de hambre— no podemos evitar lamentar todo lo que hemos perdido. Un duro camino que no ha servido para nada... o tal vez sí. Y es que morir no significa otra cosa que volver a empezar. Lo esperable en un roguelite, ¿no? Cuando perdemos la vida, automáticamente nos reencarnamos en un nuevo bastardo y el azar es el encargado de determinar qué tipo de habilidades nos ofrecerá. Desde visualizar a los enemigos en pantalla, hasta la capacidad de ver en la oscuridad. Incluso hay ocasiones en las que no es una locura dejar escapar una vida en aras de encontrar otra mejor. Eso sí, el progreso logrado en el desarrollo de armas y mejoras se conserva de manera permanente y eso supone un auténtico alivio.

Como decimos, podemos decir adiós a nuestro compañero de expediciones, pero no al desarrollo tecnológico que en el que hayamos profundizado durante el viaje. Conforme completamos misiones y reunimos los componentes necesarios, tenemos a nuestra disposición un amplio abanico de creaciones y mejoras en el que podemos fabricar nuevas armas —y aumentar sus capacidades— y habilidades como, por ejemplo, la posibilidad de piratear torretas enemigas y convertirlas en un refuerzo de lujo. Esta acertada decisión en lo que al progreso se refiere da lugar a que morir no suponga un mayor inconveniente que tener que volver a empezar, que no es poco, pero, sin lugar a dudas, hacerlo heredando lo más importante de todo nos lleva a plantearnos la siguiente partida con muchas ganas de hacer las cosas bien.

Amor a primera vista

El apartado audio-visual del título llama la atención nada más ver un par de imágenes, y no es de extrañar. Y es que la estética cómic le sienta como anillo al dedo y le permite presumir de personalidad propia en todo momento. La dirección de arte es fantástica y tanto escenarios como enemigos —aunque no son demasiado variados— muestran un estilo inconfundible. Además, el tratamiento del sonido brilla con luz propia no solo por esas melodías capaces de generar unos niveles de tensión acordes al hecho de encontrarnos solos en mitad del espacio estelar; también por la recreación de los efectos de sonidos al más puro estilo cómic: explosiones, disparos, gritos... Esta serie de elementos nos hacen sentirnos parte de un cómic interactivo.

Además, aunque partimos de la idea de que nos toca explorar naves abandonadas una y otra vez, hay que destacar que el azar es capaz de llevarnos a lugares muy diferentes entre sí. Las naves son muy similares cuando las vemos desde fuera, pero una vez accedemos a su interior es posible encontrarnos desde un lujoso hotel abandonado que bien podría ser el escenario de una cinta de terror hasta una fábrica de residuos, pasando por una juguetería más lúgubre que el citado hotel. El juego intenta ofrecernos una visión oscura de casi todos los escenarios que nos propone y esto es prácticamente lo único que podríamos decir que guarda ciertas similitudes con 'BioShock', la obra en la que supuestamente se han inspirado sus creadores.

En definitiva: Una sorpresa inesperada

Blue Manchu está sorprendiendo a todos los que aceptan el desafío de explorar naves abandonadas sin saber qué les espera en su interior. Y es que 'Void Bastards' es un roguelite fantástico que esconde mucho más de lo que uno puede intuir en un primer vistazo. La propuesta resulta original y su sinceridad a la hora de abordar lo que puede y no ir más allá dan lugar a una experiencia de lo más adictiva. No es necesario ser un fan del género para disfrutarlo, ni tampoco dedicarle incontables horas para aprovechar al máximo sus posibilidades. Aceptar una expedición, morir en el intento —o no— y renacer en la piel de otro bastardo con la intención de acabar lo que empezamos en otra vida es muy divertido. Y eso es lo que deberíamos valorar en un videojuego: la diversión. Estamos ante uno de esos títulos que llegan sin hacer demasiado ruido, pero llamado a convertirse en una de las sorpresas del año.