Scott Pilgrim y Ramona Flowers no tienen una relación común. Cuando vi por primera vez la pelÃcula de este personaje, quedé un tanto alucinado con su guión: un chico (Scott) tiene la difÃcil misión de ganarse el amor de la chica que le gusta (Ramona). Hasta este punto, nada sorprende, es más, es el clásico arquetipo de pelÃcula amorosa, lo raro viene ahora: una vez que consigue su amor,
éste deberá derrotar a todos sus exnovios, sólo asà la relación será duradera.
Cogiendo la misma base de la historia del cómic creado por Bryan Lee, el auténtico artÃfice de todo (la pelÃcula estaba basada en éste),
Ubisoft llevó a
PlayStation 3 y
Xbox 360 allá por 2010 un aceptable beat'em up
que pecaba de errores muy comunes. Precisamente por estos fallos, el juego no tuvo una gran repercusión entre los jugadores. Pasados un par de años, volvemos a jugar con él para analizarlo.
Buenos mimbres
Es curioso que en '
Scott Pilgrim contra el mundo' se encuentren los elementos principales para que un juego pueda explotar, es decir, que haya unos buenos mimbres para fabricarlo. ¿Qué son estos mimbres? Una historia que atrape, un apartado estético y gráfico que encandile, una banda sonora que enamore, etc. Bajo estas premisas, raro es que un juego se lleve el suspenso, pero sà es viable que, lo que comenzó siendo una megaproducción,
acabe convirtiéndose en un juego más del montón. Es la diferencia entre los tÃtulos gordos, que pueden terminar siendo mediocres, y los que ya son mediocres, que acabarán a precio de saldo.
'Scott Pilgrim contra el mundo' no pasará, precisamente, a la historia de los mejores videojuegos. Los mimbres los tiene, como ya hemos dicho, pero es indudable que después falla en tantas cosas (y tan tontas) que el sabor final es
agridulce.
Por ejemplo, comencemos por el combate. Al ser un beat'em up ya está condicionado previamente, es decir, debe ser rápido, frenético y con un movimiento asequible, lo que viene siendo un 'Guardian of Heroes' o 'Golden Axe'.
Todos estos requisitos los cumple a la mitad. Y nos explicamos. El tÃtulo tiene unos combates rápido, pero, en cambio, cada vez que el personaje cae al suelo o quiere desplazarse por el mapa, éste lo hace muy lentamente, hasta tal punto que llega a desesperar. A su vez, esto anterior dificulta el frenesà de los combates, que terminan convirtiéndose en algo más tosco.
No obstante, los puntos anteriores son importantes, ¿
pero cómo es posible que un beat'em up tenga tan pocos golpes? En 'Scott Pilgrim contra el mundo' la variedad de combos es escasÃsima, por no decir ridÃcula. No se pide que tenga que tener más que un luchador de 'Street Fighter', pero no habrÃa estado mal si se incluyen movimientos más útiles y desde un primer momento...
Aquà falla, pero también lo hace en la parcela sonora. Mira que las melodÃas no están nada mal, es más, tienen ese toque 16 Bits que suele enamorar,
pero su fallo radica en el álbum tan corto que presenta. Por tanto, la homogeneidad en el juego es una constante en el apartado musical, con canciones que se repiten una y otra vez hasta el punto de taladrarte los oÃdos y tener que quitar los altavoces (hecho verÃdico). Es una lástima nuevamente, ya que son pegadizas, pero cualquier tema, incluso el mejor del mundo, se hace repetitivo si se oye decenas de veces en un corto periodo de tiempo.
Dentro de todo este maremágnum de cosas a medio hacer, hay una que sà que cumple a la perfección con su cometido:
el apartado gráfico y estético. Con modelos muy parecidos a los del cómic, Ubisoft ha optado por recrear el estilo de juego de los beat'em up de la década de finales de los ochenta, o sea, pixelado y colorido, pero con un encanto especial que hace que no desentone en una pantalla en HD (como sà le ocurre a sus antecesores).
'Scott Pilgrim contra el mundo' es un juego aceptable, con buenas formas y hechuras, pero que se queda a medio camino de convertirse en algo más "gordo"
y de ser recomendado encarecidamente cuando entras en un bazar digital. Su sistema de combate, tosco a la par que rápido, no termina de encajar, al igual que el sonido. Una lástima.