'Legión' 1x05 crítica: El otro lado del arcoíris
TELEVISIÓN

'Legión' 1x05 crítica: El otro lado del arcoíris

Por Maribel Baena
Categoría: Avance
13 de March 2017 | 13:14

El quinto capítulo de 'Legión', la serie de Marvel que parece estar conquistando a todo aquel que se decide a verla, comienza tal y como se quedó el capítulo anterior. Kerry continúa estando malherida pero, con esfuerzo, consiguen estabilizarla. Y mientras nos desvelan esto, también se conoce la identidad de Oliver, el astronauta de cuya presencia ya disfrutamos en el capítulo pasado. Era evidente que era el marido de Melanie Bird, pero la confirmación por parte de ella ya no deja lugar a dudas. Oliver tenía el mismo poder que David, pero comenzó a perderse; era tanto el tiempo que pasaba en la otra dimensión, en la astral, que un día ya no pudo volver. De eso hace ya más de veinte años, y Melanie continúa echando de menos a su marido como el primer momento.

David y Syd, cada vez más enamorados

Por otro lado, los poderes de David continúan aumentando. Ahora es capaz de transportar a Syd a su dimensión astral, donde sí que pueden estar juntos. Porque, como él bien explica, en esa dimensión nada es realmente físico; pueden tocarse, y los poderes de ella no se activarán.

Pero esto no hace que David olvide a Amy. Quiere recuperar a su hermana, independientemente de lo que le cueste hacerlo. Melanie no se muestra tan dispuesta, así como el resto de especialistas; saben el riesgo que conlleva ir a la División 3, pese al gran poder que David tiene. Mas él no acepta nada, no está dispuesto a dejarse dominar por nadie. Su actitud ha cambiado desde que ha descubierto el verdadero poder que esconde en su interior; sabe que no está enfermo, que es muy poderoso.

"Solo prométeme que si te pierdes, nos perderemos juntos"

De forma paralela a las luchas, los misterios resueltos y todos los nuevos que van apareciendo, Syd está cada vez más enamorada de David. Sabe lo que el poder de él es capaz de hacer pero no tiene miedo, puesto que confía en su bondad. El espacio astral que David puede crear les ha garantizado un lugar, una vía de escape, un espacio donde el contacto físico no está vetado. Ella se sincera entonces, y le cuenta que no ha sido su primera vez; perdió su virginidad con uno de los novios de su madre, aunque haciendo un poco de trampa, puesto que adoptó la forma de su progenitora para hacerlo. Aunque no consiguió mantenerla hasta el final.

Lenny (o Benny, o King) cobra cada vez más y más protagonismo. Su presencia se hace constante en el capítulo. Se va confundiendo con David, manteniendo ese estilo paranoico, cambiante y fluctuante tan propio de la serie desde prácticamente el primer capítulo.

David ha acudido a la División 3 sin que nadie pueda evitarlo, y todo el equipo decide seguirle. Deben averiguar qué ha pasado, ayudarle si es posible. Pero, cuando llegan allí, comprueban que no hay nada en lo que ayudar. El poder de David se ha desatado, ha aumentado, se ha hecho tan grande que ni siquiera todos los miembros de la División 3 han conseguido pararlo. Ha rescatado a su hermana él solo... O, bueno, con su parásito. Con Lenny, Benny, o King. O consigo mismo. Porque ese parásito vive dentro de él desde que era un niño; lleva allí escondido más tiempo del que nadie pueda imaginar.

El parásito de David es más fuerte que él

Cary es el que descubre la presencia del parásito, investigando, antes de acudir a la División 3 para explicarle al resto de sus compañeros a qué se están enfrentando realmente. David está realmente enfermo, su cerebro se encuentra disociado, pero no porque tenga esquizofrenia; tiene un parásito en su interior que se va alimentando de él. Y cada vez que David ve al parásito, cada vez que se da cuenta de que existe, el parásito le hace olvidar su presencia; por eso sus recuerdos eran tan inconstantes, por eso estaban tan difusos. Es un parásito muy, muy poderoso, al que David solo es capaz de sobrevivir gracias a su propio poder.

David no está, pero continúa llevando consigo a Syd a esa habitación especial que es solo suya. Allí, canta una canción, con el gesto más nervioso que se le haya visto al personaje en toda la serie. Porque David ahora sí que ha visto al parásito, y este, sabiéndose descubierto, ya no tiene miedo a mostrarse tal y como es. El parásito es Lenny, es Benny, es King, es el hombre del libro del niño más enfadado del mundo y, sobre todo, es David. Es el mismo David el que acosa a su hermana para que ella le confiese su secreto: David es adoptado. Pero, a la vez, no es David, y es King, el perro que imaginó de pequeño. Porque sus amigos imaginarios no son tan imaginarios, sino que son su parásito.

La situación es cada vez más y más complicada; David es poderoso, sí, pero su parásito lo es mucho más. Syd vuelve a la habitación con David, y allí comprende lo grave de la situación. En ese lugar, todo es dominado por David y, por ende, por su propio parásito. Debe ser David el que se resista al parásito, pero no es capaz, lleva mucho tiempo sin ser realmente capaz.

Cuando parece que Syd va a morir a manos del parásito (de David), de repente, ella despierta. Todos están en el psiquiátrico, siendo tratados por Lenny, que es la terapeuta. Todos son pacientes. La serie da aquí uno de esos vuelcos tan suyos, esos que están convirtiéndola en una de las mejores serie de la televisión. ¿Qué será real? ¿Todo lo que hemos visto hasta ahora podría no ser más que un sueño de Syd? Personalmente, yo apuesto por la teoría que dicta que todos han entrado en la mente de David y, ahí, están siendo totalmente controlados por su parásito. ¿Será David capaz de rebelarse?

 
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